Después de haber comenzado la obra de la Iglesia Cristiana Remanente, Dios permitió que mi esposa Nelly y yo participáramos también en el establecimiento de una nueva congregación: la Iglesia Cristiana Bet-El. Esta iglesia surgió de manera paralela mientras todavía nos encontrábamos sirviendo en Remanente, por lo que fue una etapa de nuestro ministerio en la que tuvimos que asumir responsabilidades en ambas obras.
La historia de Bet-El comenzó cuando recibimos la dirección de Dios para levantar una nueva congregación y ungir como pastores al hermano Héctor Tamez y a su esposa, Carmen Infante. Nuevamente, nuestra labor consistió en participar en el establecimiento de una iglesia y preparar a las personas que habrían de asumir la responsabilidad pastoral de aquella obra.
El llamado de Héctor Tamez y Carmen Infante representó un paso importante para el nacimiento de Bet-El. Después de reconocer la dirección que habíamos recibido, procedimos a ungirlos como pastores de la nueva congregación. De esta manera, la Iglesia Cristiana Bet-El comenzó su camino con una pareja pastoral que tendría la responsabilidad de atender y servir a la comunidad que se estaba formando.
Durante el tiempo que participamos en Bet-El, mi esposa y yo estuvimos involucrados activamente en la obra. Aunque al mismo tiempo continuábamos sirviendo en la Iglesia Cristiana Remanente y al mismo tiempo apoyando a la Iglesia Rosa de Sarón, dedicamos parte de nuestro tiempo y esfuerzo a establecer esta nueva congregación. Aquella etapa requirió disposición, trabajo y perseverancia, pues comenzar una iglesia implica mucho más que abrir un lugar para reunirse: es necesario acercarse a las personas, compartir el Evangelio y formar poco a poco una comunidad de fe.
Una de las actividades principales que realizamos fue la celebración de cultos. Estos cultos fueron espacios destinados a la adoración, la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios. A través de las reuniones fuimos dando forma a la vida de la nueva congregación y creando un espacio donde las personas pudieran acercarse a escuchar el mensaje cristiano y participar en la comunidad.
Junto con los cultos, también nos dedicamos a evangelizar en los alrededores. Salíamos a compartir el mensaje del Evangelio con las personas de la zona, buscando dar a conocer a Jesucristo e invitar a quienes estuvieran interesados a acercarse a la congregación. La evangelización fue una parte importante de aquellos primeros tiempos, porque la iglesia necesitaba establecer vínculos con la comunidad que la rodeaba.
Evangelizar los alrededores también nos permitió conocer diferentes personas y comprender que una iglesia no existe solamente para quienes ya forman parte de ella. Desde sus comienzos, Bet-El tuvo una vocación de alcance hacia la comunidad. Cada culto y cada esfuerzo evangelístico representaban una oportunidad para acercar a nuevas personas al mensaje que estábamos anunciando.
Mi esposa y yo vivimos aquella etapa como parte de nuestro servicio ministerial. Mientras continuábamos con las responsabilidades que teníamos en Remanente, también colaborábamos en el crecimiento de Bet-El. Fueron tiempos de trabajo constante en los que tuvimos que organizar nuestras actividades y dedicar tiempo a ambas obras.
Con el paso del tiempo, la Iglesia Cristiana Bet-El quedó vinculada a una etapa muy particular de nuestra historia ministerial. Fue una obra que comenzó mientras todavía estábamos sirviendo en Remanente y que nos permitió experimentar nuevamente el proceso de establecer una congregación, desarrollar cultos, evangelizar y preparar a nuevos pastores para asumir la responsabilidad de la iglesia.
Para nosotros, Bet-El representa otra parte del camino que Dios fue trazando durante aquellos años. Cada iglesia que ayudamos a establecer nos enseñó algo diferente acerca del ministerio y del servicio. En Bet-El aprendimos nuevamente la importancia de comenzar con fidelidad, trabajar con las personas de la comunidad y mantener una visión evangelística desde los primeros días de una congregación.
La historia de la Iglesia Cristiana Bet-El quedó así marcada por el trabajo conjunto de varias personas: mi esposa Nelly y yo, que participamos en su establecimiento y servicio inicial, y el hermano Héctor Tamez junto con su esposa Carmen Infante, quienes fueron ungidos como pastores para continuar atendiendo la obra.
Fue una etapa en la que vimos cómo una nueva congregación podía comenzar mientras nosotros todavía teníamos responsabilidades en otra iglesia. Cultos, evangelización y servicio fueron parte de aquellos primeros pasos. Y aunque nuestro tiempo de participación directa en Bet-El fue una etapa determinada dentro de nuestro ministerio, guardamos el recuerdo de aquella obra como otra de las iglesias que Dios nos permitió ayudar a establecer durante nuestro recorrido pastoral.
Así, la historia de Bet-El se convirtió en un nuevo capítulo de nuestro ministerio: una iglesia que nació mientras servíamos en Remanente, que recibió como pastores a Héctor Tamez y Carmen Infante, y en la que tuvimos la oportunidad de servir mediante cultos y evangelización en los alrededores. Cada experiencia de aquellos años fue formando parte de una historia mayor de servicio a Dios y de trabajo por la expansión del Evangelio.
En esta iglesia se hizo la obra de Pastor al estar al frente de la congregación, además de Evangelista al evangelizar en las calles y los mercados, y de Maestro al enseñar a los pastores como dirigir una iglesia, también de Apóstol al abrir un nuevo centro de adoración y ungir a los pastores para que lo dirigieran.