Omar Sánchez OMAR SÁNCHEZIGLESIAS Y MINISTERIOS
Comunidad · Ministerio · Servicio

Rosa de Sarón

EL COMIENZO DE MI CAMINO CON CRISTO

Toda historia ministerial tiene un comienzo, y para mí ese comienzo está profundamente ligado a una iglesia que ocupa un lugar muy especial en mi vida: Rosa de Sarón. Fue la primera iglesia cristiana a la que asistí y el lugar donde mi vida comenzó a tomar un rumbo completamente diferente. Allí conocí el mensaje del Evangelio, allí escuché hablar de Jesucristo de una manera que transformó mi corazón y allí tomé la decisión más importante de mi vida: entregar mi vida al Señor Jesucristo.

 

La iglesia Rosa de Sarón era dirigida por el Pastor Lupe Mendoza y su esposa, Isabel Castillo. Bajo su ministerio tuve la oportunidad de acercarme a la vida de la Iglesia, escuchar la Palabra de Dios y comenzar a comprender lo que significaba seguir a Cristo. Aquella congregación no fue simplemente el lugar donde asistía a reuniones; se convirtió en parte fundamental de mi historia espiritual. Allí comenzó una etapa que posteriormente tendría consecuencias en cada área de mi vida y también en mi servicio ministerial.

 

Fue en Rosa de Sarón donde entregué mi vida al Señor Jesucristo. A partir de aquel momento comenzó para mí un nuevo camino. La fe dejó de ser solamente algo que podía escuchar de otras personas y se convirtió en una decisión personal. Comencé a descubrir la importancia de la oración, de las Escrituras, de la congregación y del servicio a Dios. Con el paso del tiempo fui comprendiendo que aquella decisión inicial no sería un acontecimiento aislado, sino el comienzo de un proceso que continuaría desarrollándose durante toda mi vida.

 

Pero la historia de Rosa de Sarón tendría todavía otro significado extraordinario para mí. Fue precisamente allí donde conocí a quien posteriormente se convertiría en mi esposa: Nelly Mendoza, hija del Pastor Lupe Mendoza. Nuestra historia comenzó dentro de aquella comunidad cristiana que había sido tan importante para mi propia vida espiritual. Con el paso del tiempo nuestra relación fue creciendo y llegó el momento en que nos hicimos novios.

 

Aquella relación continuó desarrollándose hasta que finalmente decidimos unir nuestras vidas en matrimonio. De esta manera, Rosa de Sarón quedó vinculada no solamente con el comienzo de mi vida cristiana, sino también con el comienzo de mi historia familiar. Allí había conocido a Cristo y allí había conocido también a la mujer que posteriormente se convertiría en mi esposa y compañera de vida y ministerio.

 

Con el paso de los años, el Señor nos permitió servir como pastores en otras iglesias y asumir diferentes responsabilidades dentro del ministerio. Nuestra vida ministerial nos llevó por otros caminos y a diferentes lugares, pero nunca olvidamos de dónde habíamos comenzado. Rosa de Sarón continuó ocupando un lugar especial en nuestros corazones porque allí estaban nuestras raíces espirituales y porque allí habíamos vivido acontecimientos que marcaron nuestras vidas para siempre.

 

Aunque el Señor nos había enviado a servir en otras iglesias, siempre procuramos apoyar al Pastor Lupe Mendoza. Nuestra responsabilidad pastoral en otros lugares nunca significó olvidarnos de aquella iglesia ni de la persona que había tenido un papel importante en nuestra historia. Cada vez que tuvimos oportunidad, estuvimos dispuestos a respaldar y apoyar al Pastor Lupe en su trabajo ministerial.

 

Ese apoyo permaneció a través de los años. Las responsabilidades podían cambiar, los lugares de servicio podían ser diferentes y nuestras propias actividades ministeriales podían crecer, pero permaneció el vínculo con Rosa de Sarón y con el Pastor Lupe Mendoza. Para nosotros, apoyar su ministerio también representaba una manera de honrar una parte importante de nuestra propia historia.

 

El Pastor Lupe no fue solamente el pastor de aquella iglesia a la que asistí por primera vez. Su ministerio quedó ligado al momento en que conocí al Señor Jesucristo y, de manera indirecta, también al momento en que conocí a quien sería mi esposa. Por eso, cuando recuerdo aquella etapa de mi vida, no puedo separar la historia de mi conversión de la historia de Rosa de Sarón.

 

También recuerdo con especial gratitud a Isabel Castillo, esposa del Pastor Lupe Mendoza. Ambos formaban parte de aquella congregación y de aquel ambiente en el que comenzó mi caminar cristiano. Las personas que estuvieron presentes durante las primeras etapas de nuestra vida de fe ocupan un lugar especial en nuestros recuerdos porque fueron testigos de los primeros pasos de un camino que posteriormente continuaría durante muchos años.

 

Finalmente, llegó el día en que el Pastor Lupe Mendoza partió con el Señor. Su partida significó el cierre de una etapa terrenal, pero su recuerdo permaneció profundamente ligado a nuestra historia. Hasta el día de su partida procuramos mantener nuestro apoyo hacia él y hacia la obra que había desarrollado. Para nosotros, esa fidelidad no era solamente una obligación ministerial, sino también una expresión de gratitud hacia alguien que formaba parte de los primeros capítulos de nuestra historia cristiana.

 

Cuando miro hacia atrás, puedo reconocer cuántas cosas comenzaron en aquel lugar. En Rosa de Sarón entregué mi vida al Señor Jesucristo. Allí comenzó mi caminar cristiano. Allí conocí a Nelly Mendoza, quien con el tiempo se convertiría en mi esposa. Allí aprendí a amar y valorar la vida de la Iglesia. Y desde allí comenzaron experiencias que posteriormente formarían parte de nuestro ministerio.

 

Por eso, Rosa de Sarón no representa simplemente la primera iglesia a la que asistí. Representa uno de los lugares donde comenzó nuestra historia con Cristo, nuestra historia matrimonial y nuestra historia de servicio. Aunque posteriormente el Señor nos llevó a servir como pastores en otras congregaciones, aquella primera iglesia permaneció como una referencia fundamental de nuestros comienzos.

 

La historia de mi vida cristiana comenzó allí, entre las personas, enseñanzas y experiencias que Dios utilizó para acercarme a Él. Y cada vez que recuerdo al Pastor Lupe Mendoza, a Isabel Castillo, a Rosa de Sarón y aquellos primeros años, recuerdo también el momento en que mi vida tomó un nuevo rumbo al entregar mi vida al Señor Jesucristo. Desde entonces, el camino ha continuado, pero nunca he olvidado aquel lugar donde todo comenzó.

 

 

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