Omar Sánchez OMAR SÁNCHEZIGLESIAS Y MINISTERIOS
Comunidad · Ministerio · Servicio

Iglesia Cristiana Tierra Deseable

UNA DIRECCIÓN QUE SOLO DIOS PODÍA MOSTRAR

Después de las experiencias que habíamos vivido en otras congregaciones y particularmente después de lo ocurrido con la Iglesia Cristiana Remanente, mi esposa Nelly y yo volvimos a experimentar una situación que nos recordó que, cuando Dios quiere llevarnos a un lugar, no siempre nos muestra de antemano el camino completo. En esta ocasión, Dios nos dirigió hacia la Iglesia Cristiana Tierra Deseable, dirigida por la Pastora Berenice Juárez, pero nuevamente tuvimos que aprender a caminar por fe, confiando en que Él mismo nos conduciría hasta el lugar y hasta las personas con las que quería que trabajáramos.

 

La experiencia comenzó de una manera muy semejante a lo que había sucedido con Remanente. No conocíamos la dirección de la iglesia, no sabíamos exactamente dónde se encontraba y tampoco teníamos una referencia que nos permitiera localizarla por nuestros propios medios. Lo único que teníamos era la dirección que Dios nos estaba dando. Él nos indicó por dónde debíamos ir y nos hizo saber que, siguiendo esas instrucciones, encontraríamos la iglesia y a la pastora a la que Él quería que ayudáramos. Para nosotros no se trataba simplemente de encontrar un lugar físico; era cuestión de obedecer y avanzar paso a paso, confiando en que Dios sabía perfectamente hacia dónde nos estaba llevando.

 

Comenzamos nuestro recorrido siguiendo las indicaciones que habíamos recibido. No teníamos un mapa detallado de la iglesia ni conocíamos previamente el sitio al que llegaríamos. Sin embargo, fuimos avanzando por donde entendíamos que debíamos hacerlo, hasta que finalmente encontramos una iglesia precisamente en el lugar hacia donde Dios nos había indicado. Para nosotros aquello representó una confirmación importante, porque una vez más habíamos llegado a un lugar que no conocíamos previamente, siguiendo únicamente la dirección que habíamos recibido.

 

Al llegar, comenzó el culto. Todo parecía indicar que finalmente habíamos encontrado el lugar al que Dios nos había enviado. Sin embargo, había algo que no coincidía con lo que yo había entendido. La persona que se encontraba al frente del culto era otra pastora. No era la mujer que Dios me había mostrado. Aquello generó una situación particular, porque aunque habíamos llegado exactamente al lugar que se nos había indicado, la persona que yo esperaba encontrar no estaba al frente de aquella congregación en ese momento.

 

Decidimos permanecer y participar del servicio. No quisimos apresurarnos ni sacar conclusiones simplemente porque la persona que estaba ministrando no era la que yo esperaba encontrar. Permanecimos allí durante el culto, esperando ver qué sucedería. Y fue precisamente después de transcurrido el servicio cuando ocurrió el encuentro que nos permitió comprender por qué Dios nos había llevado hasta ese lugar.

 

En determinado momento llegó una hermana a la iglesia. Cuando la vi, inmediatamente reconocí en ella a la persona que Dios me había mostrado. Entonces le dije a mi esposa: «Ella es la Pastora que me mostró Dios». Aquella afirmación fue el comienzo de una nueva etapa. Finalmente habíamos encontrado a la persona que estábamos buscando, pero todavía no conocíamos toda la historia que había detrás de aquel encuentro.

 

Después tuvimos la oportunidad de conocerla y descubrimos que ella era Berenice Juárez, la pastora a la que Dios nos había mostrado. Fue entonces cuando comprendimos que Dios no nos había llevado directamente al lugar donde Berenice estaba ministrando en ese momento, sino que nos había conducido primero hasta la iglesia de su madre. Aquella iglesia era el lugar donde Dios había determinado que la encontraríamos.

 

Esto nos hizo comprender nuevamente que la dirección de Dios no siempre se desarrolla de la manera que nosotros imaginamos. Nosotros habíamos entendido que debíamos encontrar una determinada iglesia y una determinada pastora, pero Dios utilizó un camino diferente para llevarnos hasta ella. Primero nos condujo a la congregación de su madre y allí, en el momento indicado, encontramos a Berenice. La iglesia que habíamos localizado era precisamente el punto de encuentro que Dios había preparado.

 

Después de conocer a la Pastora Berenice Juárez, comenzamos a relacionarnos con ella y posteriormente fuimos a la iglesia donde ella desarrollaba su ministerio. Fue allí donde comprendimos con mayor claridad el propósito de nuestra llegada. Dios no nos había llevado hasta ella simplemente para conocerla. Nos había dirigido hasta allí porque quería que la ayudáramos en el trabajo que estaba realizando al frente de la Iglesia Cristiana Tierra Deseable.

 

Nuestra participación comenzó con un propósito muy concreto: ayudar a que la iglesia pudiera organizarse y fortalecerse. Encontramos diferentes aspectos que necesitaban atención y comenzamos a colaborar con la pastora para establecer un mejor orden dentro de la congregación. Parte de nuestro trabajo consistió en ayudarla a organizar la iglesia, pero también en acompañarla en situaciones relacionadas con los miembros de la congregación.

 

Aprendimos que dirigir una iglesia no solamente consiste en predicar desde un púlpito. También implica conocer a las personas, escuchar sus situaciones, aprender a tratar con diferentes caracteres y circunstancias, resolver problemas y procurar que cada miembro pueda encontrar su lugar dentro de la congregación. Por eso, nuestra ayuda a la Pastora Berenice también estuvo relacionada con la manera de tratar con los miembros de la iglesia y con las diferentes situaciones que se presentaban dentro de la congregación.

 

Otro de los aspectos importantes fue la necesidad de obtener recursos para cubrir los gastos del lugar donde se realizaban los cultos. La iglesia necesitaba pagar la renta del local en el que se congregaba, y por ello comenzamos también a trabajar para ayudar a conseguir los recursos necesarios para que la congregación pudiera continuar teniendo un lugar donde reunirse.

 

Esta etapa nos enseñó nuevamente que el servicio ministerial tiene muchas dimensiones. Algunas veces el trabajo consiste en predicar, enseñar o evangelizar; en otras ocasiones consiste en ayudar a organizar, buscar soluciones, conseguir recursos, acompañar a los miembros y apoyar al pastor o pastora que está al frente de la congregación. Todo forma parte del servicio cuando se realiza con el propósito de fortalecer la obra de Dios.

 

La historia de Tierra Deseable quedó para nosotros como otra experiencia en la que pudimos comprobar la importancia de caminar por fe. Al igual que había ocurrido con la Iglesia Cristiana Remanente, llegamos sin conocer previamente la dirección exacta. No sabíamos dónde estaba la iglesia ni conocíamos personalmente a la pastora que Dios quería que ayudáramos. Solamente teníamos las indicaciones que habíamos recibido y la confianza de que, si obedecíamos y seguíamos adelante, Dios nos mostraría el camino.

 

Y así sucedió. Llegamos a la iglesia que Dios nos había indicado, participamos del culto y, aunque inicialmente parecía que habíamos llegado a una congregación diferente de la que buscábamos, al final del servicio apareció la persona que Dios había puesto en nuestro camino. Lo que parecía ser una confusión terminó siendo parte del mismo proceso mediante el cual Dios nos condujo hasta la Pastora Berenice Juárez.

 

Para mi esposa Nelly y para mí, esta experiencia se convirtió en otro capítulo de nuestro caminar ministerial. Nos recordó que muchas veces no necesitamos conocer todo el recorrido antes de comenzar. Hay ocasiones en las que solamente necesitamos obedecer el siguiente paso. Dios puede utilizar personas, lugares y circunstancias que nosotros no habíamos previsto para llevarnos exactamente al punto donde debemos estar.

 

La experiencia con la Iglesia Cristiana Tierra Deseable, bajo la dirección de la Pastora Berenice Juárez, fue así una etapa de servicio, organización y aprendizaje. Allí pudimos poner al servicio de otra congregación la experiencia que habíamos adquirido durante nuestro propio recorrido ministerial. Ayudamos a organizar la iglesia, a trabajar con sus miembros y a buscar recursos para sostener el lugar donde se realizaban los cultos. Pero, sobre todo, vivimos nuevamente una experiencia que quedó grabada en nuestra historia: Dios nos llevó hasta la persona que quería que ayudáramos, aun cuando nosotros no sabíamos dónde encontrarla.

 

En esta iglesia se hizo la obra de Profeta al llevarle mensaje de parte de Dios a la Pastora y de Maestro al enseñar a la Pastora como dirigir la iglesia.

 

 

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