Omar Sánchez OMAR SÁNCHEZIGLESIAS Y MINISTERIOS
Comunidad · Ministerio · Servicio

Iglesia Cristiana Bethel

UNA OBRA DE BENDICIÓN PARA LAS FAMILIAS

Después de las diferentes experiencias que mi esposa Nelly y yo habíamos vivido en nuestro caminar ministerial, Dios nos permitió fundar una nueva congregación: la Iglesia Cristiana Bethel. Esta iglesia representó otra etapa importante dentro de nuestra historia de servicio, porque tuvimos la oportunidad de participar directamente en su establecimiento y ver cómo, poco a poco, comenzó a convertirse en un lugar de reunión y bendición para muchas personas.

 

En sus comienzos, mi esposa y yo asumimos la responsabilidad de servir como pastores de la congregación. Fueron los primeros tiempos de una nueva obra, en los que tuvimos que dedicar nuestro esfuerzo a establecer las bases de la iglesia, atender a las personas que comenzaban a acercarse y procurar que la congregación pudiera desarrollarse de manera ordenada. Como en toda obra que comienza, aquellos primeros momentos estuvieron llenos de trabajo, dedicación y esperanza por lo que Dios habría de hacer.

 

Poco a poco, las personas comenzaron a congregarse en Bethel. Lo que había comenzado como una nueva obra empezó a reunir a familias que encontraron allí un lugar donde podían acercarse a Dios, escuchar su Palabra, participar en los cultos y compartir con otros creyentes. Ver cómo la congregación comenzaba a crecer fue una experiencia muy significativa para nosotros, porque nos permitió contemplar el fruto del trabajo realizado durante los primeros tiempos.

 

Conforme la iglesia fue avanzando, llegó el momento de tomar una decisión respecto a quién quedaría encargado de dirigirla. Después de haber servido inicialmente como pastores, mi esposa y yo decidimos designar a mi suegro, el Pastor Lupe Mendoza, para que fuera el encargado de dirigir la Iglesia Cristiana Bethel.

 

Esta decisión tuvo un significado especial para nuestra familia y para nuestro ministerio. El Pastor Lupe Mendoza ya ocupaba un lugar muy importante en nuestra historia. Él había sido el pastor de la Iglesia Rosa de Sarón, la primera iglesia cristiana a la que asistí y el lugar donde entregué mi vida al Señor Jesucristo. También era el padre de mi esposa, Nelly Mendoza. Ahora, después de haber servido nosotros como pastores en el inicio de Bethel, teníamos la oportunidad de confiarle a él la responsabilidad de dirigir aquella nueva congregación.

 

El paso de la responsabilidad pastoral hacia el Pastor Lupe permitió que la iglesia continuara desarrollándose bajo su dirección. La congregación ya había comenzado a crecer y las personas continuaban acercándose. Bethel comenzó a convertirse en un lugar donde diferentes familias podían congregarse y participar de la vida de la Iglesia.

 

Para nosotros fue motivo de alegría ver que aquella obra que habíamos fundado podía continuar adelante y ser de bendición para otras personas. Una iglesia no se construye únicamente con un edificio o con reuniones; se construye también mediante las relaciones entre las personas, la enseñanza, la oración, el servicio y la disposición de quienes trabajan para atender a la comunidad. En Bethel fuimos testigos de cómo una nueva congregación podía convertirse progresivamente en un espacio de encuentro para las familias.

 

El crecimiento de las personas que comenzaron a congregarse dio un significado especial a aquella etapa. Cada familia que llegaba representaba una nueva oportunidad para servir, enseñar, acompañar y compartir la fe. La iglesia comenzó a tener su propia historia, formada por las personas que se acercaban y por las experiencias que iban viviendo juntas.

 

También para nosotros significó aprender que el ministerio no consiste necesariamente en permanecer siempre al frente de una obra. En ocasiones, servir a Dios significa comenzar un trabajo, establecer sus fundamentos y posteriormente permitir que otra persona asuma la responsabilidad de continuarlo. El hecho de entregar la dirección de Bethel al Pastor Lupe no significó que la obra dejara de tener importancia para nosotros; al contrario, significó confiar en que podía continuar desarrollándose bajo su liderazgo.

 

La experiencia de Bethel también reforzó nuestra comprensión acerca de la importancia de trabajar en equipo y preparar a otras personas para asumir responsabilidades dentro de la Iglesia. Una congregación puede crecer cuando existen personas dispuestas a servir y cuando las responsabilidades pueden ser compartidas de manera ordenada. El ministerio no pertenece a una sola persona, sino que puede desarrollarse mediante la participación de diferentes servidores.

 

Con el tiempo, Bethel quedó como uno de los capítulos importantes dentro de nuestra historia ministerial. Fue una iglesia que fundamos, en la que inicialmente servimos como pastores y que posteriormente quedó bajo la dirección del Pastor Lupe Mendoza. Sobre todo, fue una congregación que comenzó a reunir personas y familias que encontraron allí un espacio de comunión y de crecimiento.

 

Cuando recordamos la historia de la Iglesia Cristiana Bethel, recordamos también la satisfacción de haber visto cómo una obra que comenzó con nosotros fue creciendo hasta convertirse en una bendición para muchas familias. Aquello que inicialmente parecía solamente el comienzo de una nueva congregación fue tomando forma a medida que las personas comenzaron a llegar y a integrarse.

 

Así, la historia de Iglesia Cristiana Bethel forma parte de nuestro recorrido ministerial como una obra que mi esposa y yo tuvimos el privilegio de fundar. Comenzamos sirviendo como sus pastores y posteriormente designamos a mi suegro, el Pastor Lupe Mendoza, para dirigirla. Bajo su dirección, las personas continuaron congregándose y la iglesia llegó a ser un lugar de bendición para muchas familias.

 

Para nosotros, Bethel permanece como un recuerdo especial de una etapa en la que pudimos ver nuevamente cómo una obra comenzaba desde sus primeros pasos y cómo, con el tiempo, podía convertirse en una comunidad donde muchas personas encontraban un lugar para congregarse, aprender, compartir y buscar a Dios. Fue otro capítulo de nuestro ministerio y otra evidencia del camino que habíamos recorrido al servicio del Señor.

 

En esta iglesia se hizo la obra de Pastor al estar al frente de la congregación, además de Evangelista al evangelizar en las calles y los mercados, y de Maestro al enseñar a los pastores como dirigir una iglesia, también de Apóstol al abrir un nuevo centro de adoración y ungir a los pastores para que lo dirigieran.

 

 

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