EL ESPÍRITU DE ESTUPOR
OMAR SANCHEZ

EL ESPÍRITU DE

ESTUPOR

OMAR SANCHEZ

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EL ESPÍRITU DE ESTUPOR

(Traducción al español de The spirit of STUPOR by Omar Sanchez)

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Omar Sánchez

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Sitio Web:https://omarsanchez.org

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© 2026 Omar Rigoberto Sánchez Enriquez

Impreso en Estados Unidos / Printed in United States

Escrito y Editado por Omar Sánchez

Prohibida su reproducción total o parcial si el permiso del autor.

Ninguna parte de este libro podrá ser reproducida o transmitida en ninguna forma o por ningún medio electrónico o mecánico, incluyendo fotocopia, cinta magnetofónica, sistema de almacenaje y recuperación (o reproducción) de información, sin el debido permiso escrito de los publicadores. Por favor envíe sus preguntas aomarsanchez@omarsanchez.org

Agradecimientos

A mi Dios Todopoderoso.

A mi Señor Jesucristo.

A mi Espíritu Santo.

A mi esposa.

ORACIÓN INICIAL DE PROTECCIÓN

Padre celestial, Dios Todopoderoso.

Me presento delante de Ti en el nombre deJesucristo, tu Hijo amado y nuestro Señor y Salvador.

Antes de comenzar la lectura de este libro, reconozco queTú eres Dios, que Jesucristo es el Señor y que el Espíritu Santo nos protege de todo lo malo, que solamente a Ti pertenece toda autoridad, toda gloria, todo honor y toda adoración.

Padre, pongo delante de Ti estas páginas y a toda persona que las lea.

Te pido que extiendas tu protección sobre cada lector y sobre su hogar. Que su mente, su corazón, su espíritu y todo su ser permanezcan bajo tu cuidado y protección.

Señor Jesucristo, guarda al lector mientras estudia este contenido.

Que ninguna palabra escrita en estas páginas sea entendida como una invocación, llamado, invitación o convocatoria de ningún espíritu.

Declaramos queeste libro no ha sido escrito para invocar, contactar, admirar, exaltar, glorificar ni fascinarse con ningún espíritu demoníaco, sino únicamente con el propósito de estudiar, comprender, discernir y reconocer aquello que pueda representar un peligro espiritual, para aprender a permanecer firmes en Dios y ayudar a otros.

Padre, te pedimos especialmente que el espírituKahutdeestuporno encuentre en esta lectura ninguna puerta, acceso o autorización.

Que no haya manifestación, influencia, perturbación, opresión, temor, confusión, pesadez espiritual ni ningún efecto perjudicial sobre quien lea estas páginas.

En el nombre de Jesucristo, pedimos que todo aquello que no provenga de Ti permanezca fuera de este estudio y fuera de la vida del lector.

Guarda sus pensamientos.

Guarda sus emociones.

Guarda sus sueños.

Guarda su descanso.

Guarda su hogar.

Guarda a su familia.

Y permite que ninguna curiosidad acerca de las tinieblas se transforme en fascinación por ellas.

Que el lector no busque conocer el mal para admirarlo, sino paradiscernirlo y rechazarlo.

Que no busque conocer estos conceptos para acercarse a ellos, sino para comprender los peligros que representan y aprender a permanecer más cerca de Ti.

Padre, danos sabiduría para distinguir entre lo verdadero y lo falso.

Danos discernimiento para no aceptar aquello que contradiga tu Palabra.

Danos humildad para reconocer lo que no sabemos.

Y danos entendimiento para estudiar estas páginas sin miedo, sin curiosidad malsana y sin fascinación por aquello que pertenece a las tinieblas.

Que cada página nos lleve a recordar queJesucristo es superior a todo poder, autoridad y dominio, y que nuestra confianza no está en conocer los nombres de los espíritus, sino en conocer, obedecer y permanecer firmes en Ti.

Si encontramos algo que produzca temor, danos paz.

Si encontramos algo que produzca confusión, danos claridad.

Si encontramos algo que despierte curiosidad indebida, danos dominio propio.

Si encontramos algo que nos confronte, danos sabiduría.

Y si encontramos alguna enseñanza que pueda servir para ayudar a otra persona, danos amor, prudencia y compasión para hacerlo correctamente.

Señor Jesucristo, sé Tú el centro de esta lectura.

Que ninguna criatura, espíritu, demonio o poder de las tinieblas reciba nuestra atención, admiración o gloria.

Toda nuestra atención pertenece a Ti.

Toda nuestra confianza pertenece a Ti.

Toda nuestra adoración pertenece a Ti.

Padre, ponemos este libro, esta lectura y a cada lector en tus manos.

Que podamos terminar estas páginas más conscientes de nuestra necesidad de Dios, más firmes en la fe, más preparados para discernir y más dispuestos a ayudar a quienes se encuentran espiritualmente dormidos, confundidos, atados o alejados.

Y que al cerrar este libro no permanezca en nosotros fascinación por las tinieblas, sino un mayor deseo de caminar enla luz de Jesucristo.

Te lo pedimos al Padre,en el nombre de Jesucristo, nuestro Señor.

Amén.

Cuando el sueño parece normal

Hay un momento en la vida de una persona en el que dormir deja de ser una necesidad y comienza a convertirse en una prisión.

El cuerpo descansa, los ojos permanecen cerrados y el mundo continúa moviéndose alrededor. Mientras unos avanzan, otros permanecen inmóviles. Mientras unos construyen, otros contemplan. Mientras unos despiertan, otros continúan durmiendo sin siquiera darse cuenta de que están dormidos.

Pero existe un sueño mucho más peligroso que el sueño físico.

Es el sueño del espíritu.

Una persona puede caminar, hablar, trabajar, cantar, predicar, asistir a una congregación, levantar sus manos, conocer versículos de memoria y, aun así, encontrarse profundamente dormida por dentro.

Ese es el misterio que este libro intenta investigar.

No estamos hablando simplemente de cansancio.

No estamos hablando de una noche sin dormir.

No estamos hablando de alguien que necesita unas horas de descanso.

Estamos hablando de un estado en el que la voluntad pierde fuerza, el discernimiento comienza a disminuir, la iniciativa desaparece y aquello que antes provocaba pasión comienza a producir indiferencia.

El hombre sigue presente.

Pero algo dentro de él ha dejado de responder.

Y cuando este fenómeno comienza a manifestarse dentro de una comunidad cristiana, sus consecuencias pueden ser todavía más profundas.

Una iglesia puede tener edificios, programas, reuniones, predicadores, músicos, líderes, ministerios y actividades; pero si ha perdido su capacidad de responder, avanzar y discernir, puede encontrarse funcionando exteriormente mientras permanece dormida interiormente. Es precisamente en este escenario donde aparece el nombre que será objeto de nuestra obra:Kahut.

Dentro de la propuesta demonológica desarrollada en este libro, Kahut es presentado como un espíritu asociado alestupor, un espíritu cuya obra consiste en mantener dormida, apática, fría, estancada e inoperante a la Iglesia.

Su objetivo, según esta interpretación, no sería necesariamente destruirla mediante un ataque visible y violento.

Podría existir una estrategia mucho más silenciosa.

Hacer que la Iglesia deje de avanzar.

Hacer que pierda el deseo.

Hacer que se acostumbre a permanecer donde está.

Hacer que acepte la inmovilidad como normalidad.

Porque una Iglesia perseguida puede reaccionar.

Una Iglesia atacada puede levantarse.

Una Iglesia que reconoce una amenaza puede defenderse.

Pero una Iglesia dormida puede permanecer inmóvil mientras pierde lentamente su capacidad de actuar.

Ese es el peligro del estupor.

El enemigo que no siempre parece enemigo

Una de las características más inquietantes del concepto de Kahut es precisamente su aparente invisibilidad.

El estupor no siempre llega acompañado de grandes acontecimientos.

A veces llega como una pequeña pérdida de entusiasmo.

Después aparece la indiferencia.

Luego el cansancio permanente.

Después la ausencia de iniciativa.

Más tarde, la resignación.

Y finalmente aparece una frase que puede convertirse en la sentencia de una generación:

“Siempre ha sido así.”

Cuando esa frase comienza a dominar una comunidad, el estancamiento deja de sentirse como un problema.

Se convierte en una costumbre.

Y aquello que debería provocar preocupación comienza a parecer normal.

El creyente deja de preguntarse:

¿Hacia dónde estamos avanzando?

Y comienza a preguntarse:

¿Cuánto falta para que termine la reunión?

Deja de preguntarse:

¿Qué quiere Dios que hagamos?

Y comienza a preguntarse:

¿Qué hicieron los demás?

Deja de buscar dirección.

Comienza a buscar modelos.

Deja de discernir.

Comienza a imitar.

Y aquí aparece un segundo concepto fundamental de esta obra:

Los Mejkim.

Los Imitadores.

Espíritus malignos que buscan imitar a los espíritus de Dios, pero no para hacer lo bueno sino para causar el mal.

En la propuesta presentada en este libro, los llamadosMejkimrepresentan una dimensión particularmente peligrosa del fenómeno.

Es el espíritu demoníaco de Estupor que busca imitar al espíritu de estupor mandado por Dios en Romanos 11:8 que dice: “Como está escrito: Dios les dio espíritu de estupor, ojos con que no vean y oídos con que no oigan, hasta el día de hoy.”

No debemos confundir el espíritu de estupor que Dios manda:Tardemah, para nuestra reprensión y restauración, con el espíritu maligno de Estupor:Kahut, que adormece a la iglesia para mantenerla alejada de Dios.

No se trata simplemente de copiar una acción.

La imitación puede ser mucho más profunda.

Una persona puede comenzar imitando palabras y terminar imitando pensamientos.

Puede comenzar imitando comportamientos y terminar adoptando convicciones que nunca examinó.

Puede observar lo que hacen otros y repetirlo sin comprender su propósito.

Puede copiar una estructura sin poseer la vida que produjo esa estructura.

Puede reproducir una forma mientras ha perdido el significado.

Y esto nos lleva a una pregunta incómoda:

¿Cuántas cosas hacemos porque Dios nos dirigió a hacerlas y cuántas hacemos simplemente porque vimos a otros hacerlas y un espíritu nos incitó a imitarlas?

La pregunta es peligrosa porque no solamente cuestiona nuestras acciones.

Cuestiona nuestras motivaciones.

Una Iglesia puede cantar porque canta otra Iglesia.

Puede predicar porque así predican otros.

Puede organizar porque otros organizan.

Puede utilizar determinadas palabras porque son populares.

Puede adoptar determinados métodos porque producen resultados en otra parte.

Y, sin embargo, puede haber perdido la capacidad de preguntarse:

“¿Esto procede realmente de una convicción espiritual o simplemente estamos imitando?”

O peor aún:

“¿Estamos imitando lo que otros hacen porque un espíritu demoníaco así nos está manipulando?”

El problema no está necesariamente en aprender de otros.

La imitación puede ser positiva cuando se trata de seguir buenos ejemplos.

El problema aparece cuando la imitación reemplaza al discernimiento.

Cuando dejamos de pensar.

Cuando dejamos de examinar.

Cuando dejamos de buscar.

Cuando dejamos de preguntar.

Cuando dejamos de escuchar.

Entonces la imitación puede convertirse en una prisión.

Una Iglesia dormida

La imagen que guiará las páginas de este libro es sencilla:

Una Iglesia dormida.

No una Iglesia destruida.

No una Iglesia desaparecida.

No una Iglesia que dejó de existir.

Una Iglesia que todavía está allí.

Pero dormida.

Una Iglesia que tiene voz, pero no grita.

Tiene piernas, pero no camina.

Tiene manos, pero no trabaja.

Tiene ojos, pero no ve.

Tiene oídos, pero no escucha.

Tiene conocimiento, pero no necesariamente discernimiento.

Tiene actividades, pero no necesariamente movimiento espiritual.

Tiene reuniones, pero puede carecer de despertar.

Y precisamente por eso el problema resulta tan difícil de detectar.

Porque lo externo puede hacernos creer que todo está funcionando.

La actividad puede ocultar la inactividad.

El ruido puede ocultar el silencio.

La multitud puede ocultar la ausencia de propósito.

Y la rutina puede ocultar el sueño.

Kahut, dentro de la perspectiva que estudiaremos, representa precisamente esa amenaza silenciosa:la posibilidad de que la Iglesia continúe funcionando mientras interiormente permanece dormida.

El verdadero campo de batalla

Este libro no pretende presentar una colección de nombres extraños, rangos demoníacos o características destinadas simplemente a provocar temor.

El propósito es diferente.

Queremos investigar.

Queremos observar.

Queremos comparar.

Queremos confrontar.

Y, sobre todo, queremos despertar preguntas.

Porque si el estupor consigue que una persona deje de hacerse preguntas, ha conseguido algo fundamental.

Cuando dejamos de preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos, comenzamos a vivir por inercia.

Y la inercia puede ser una de las formas más profundas del estancamiento.

Por eso, a lo largo de estas páginas, Kahut será el eje de una obra espiritual progresiva.

Comenzaremos preguntando qué es el estupor.

Después examinaremos la figura de Kahut.

Luego entraremos en el concepto de los Mejkim, los Imitadores.

Analizaremos cómo la apatía, el estancamiento y la pérdida de discernimiento pueden relacionarse con este concepto.

Y finalmente llegaremos a una comparación inevitable con una expresión bíblica que encontramos enRomanos 11:8, donde Pablo habla de un “espíritu de estupor”.

Esta comparación será especialmente importante porque no debemos confundir automáticamente ambos conceptos.

El hecho de que dos expresiones utilicen la palabraestuporno significa necesariamente que estén hablando de la misma realidad.

La Escritura debe ser examinada en su contexto.

Y la propuesta demonológica debe ser examinada con honestidad.

Por eso este libro no buscará forzar el texto bíblico para demostrar una teoría.

Buscará colocar las ideas frente al texto y permitir que el lector examine, compare y discierna.

El llamado a despertar

El verdadero propósito de este libro no es enseñarnos a temer a Kahut.

Es enseñarnos a reconocer el sueño.

Porque un hombre que sabe que está dormido puede despertar.

Pero un hombre que cree estar despierto mientras duerme no siente ninguna necesidad de hacerlo.

Y quizá ese sea el mayor peligro.

No saber que estamos dormidos.

No reconocer que hemos perdido el deseo.

No reconocer que hemos dejado de avanzar.

No reconocer que hemos aceptado el estancamiento.

No reconocer que estamos repitiendo lo que otros hacen sin haberlo examinado.

No reconocer que nuestra pasión se apagó.

No reconocer que nuestra sensibilidad espiritual disminuyó.

No reconocer que dejamos de luchar.

No reconocer que nos acostumbramos.

Este libro comienza, entonces, con una pregunta:

¿Está la Iglesia realmente despierta?

Y detrás de esa pregunta aparece otra todavía más profunda:

¿Qué ocurre cuando una Iglesia se acostumbra tanto a dormir que termina creyendo que su sueño es normal?

En las siguientes páginas comenzaremos a buscar una respuesta.

Y para hacerlo tendremos que entrar en un territorio donde el sueño, la imitación, el estupor, el discernimiento y la vida espiritual se encuentran.

Allí encontraremos a Kahut.

Allí encontraremos a los Mejkim.

Y allí comenzará nuestra obra.

Porque antes de expulsar aquello que nos mantiene dormidos, primero debemos reconocer que estamos dormidos.

El sueño que no se siente como sueño

Existe un tipo de sueño que no necesita una cama.

No necesita cerrar los ojos.

No necesita apagar las luces.

Puede aparecer en medio de una multitud, detrás de un púlpito, durante una oración, mientras se canta, mientras se estudia la Biblia o incluso mientras se habla de Dios.

Es el sueño espiritual.

Y una de sus características más peligrosas es que quien lo experimenta puede no saber que está dormido.

El cansancio físico normalmente produce señales evidentes. El cuerpo pide descanso, los ojos pesan y la persona sabe que necesita dormir.

El estupor espiritual puede ser diferente.

Puede hacer que una persona continúe con su rutina mientras pierde progresivamente su capacidad de responder.

Continúa asistiendo.

Continúa hablando.

Continúa participando.

Continúa haciendo.

Pero ya no avanza.

Ya no busca.

Ya no pregunta.

Ya no discierne.

Ya no espera.

Y cuando ese estado se extiende de una persona a una congregación, puede producir algo todavía más preocupante:

Una comunidad activa exteriormente, pero dormida interiormente.

Este libro nace precisamente de esa preocupación.

Una palabra que debemos tomar en serio

La palabraestuportiene una fuerza particular.

No describe simplemente tristeza.

Tampoco describe únicamente cansancio.

El concepto apunta hacia un estado de insensibilidad, aturdimiento o incapacidad para responder adecuadamente.

Cuando trasladamos este concepto al ámbito espiritual, aparece una imagen estremecedora:

Una persona puede estar rodeada de oportunidades y no reaccionar.

Puede escuchar una exhortación y permanecer indiferente.

Puede ver una necesidad y no moverse.

Puede reconocer que algo está mal y continuar exactamente igual.

Puede saber que debería avanzar y, sin embargo, permanecer en el mismo lugar.

Ese es el terreno que este libro pretende explorar.

No para señalar personas.

No para condenar congregaciones.

No para crear miedo.

Sino para formular preguntas.

Preguntas que quizá hemos dejado de hacer.

¿Por qué una Iglesia puede quedarse estancada?

Esta es una de las preguntas fundamentales de nuestra obra.

¿Por qué una Iglesia que alguna vez tuvo entusiasmo puede volverse fría?

¿Por qué personas que alguna vez oraban con pasión pueden terminar orando únicamente por costumbre?

¿Por qué quienes alguna vez evangelizaban con entusiasmo pueden llegar a considerar el evangelismo como una actividad secundaria?

¿Por qué una congregación puede tener años de existencia y, sin embargo, permanecer prácticamente en el mismo lugar?

¿Por qué algunos ministerios comienzan con fuerza y terminan funcionando únicamente por inercia?

¿Por qué una persona puede conocer aquello que debe hacer y, aun así, no hacerlo?

No existe una única respuesta para todas estas preguntas. La Biblia presenta múltiples causas para la debilidad espiritual: pecado, desobediencia, endurecimiento del corazón, falta de conocimiento, pruebas, persecución, mundanalidad, falsas enseñanzas, divisiones y muchas otras realidades.

Por eso debemos tener cuidado.

No todo cansancio es demoníaco.

No toda apatía es causada por un espíritu.

No todo estancamiento tiene un origen sobrenatural.

Y precisamente por eso necesitamos discernimiento.

Sin embargo, dentro de la propuesta espiritual que desarrollaremos en este libro, existe una figura que representa una forma particular de este fenómeno:Kahut.

Kahut: Comprender el estupor

Kahut será presentado aquí como un espíritu de estupor.

Su característica principal no será el ataque espectacular.

Será la inmovilización.

No necesariamente intentará provocar que la Iglesia desaparezca.

Su objetivo será conseguir que deje de avanzar.

Una Iglesia que no avanza puede permanecer durante años exactamente en el mismo lugar.

Una Iglesia que permanece inmóvil puede conservar su estructura.

Puede conservar sus edificios.

Puede conservar sus nombres.

Puede conservar sus programas.

Puede conservar sus tradiciones.

Pero puede perder aquello que originalmente le daba vida.

El peligro está precisamente ahí.

Porque la destrucción es visible.

El estancamiento puede parecer estabilidad.

Una prisión sin cadenas

Imaginemos a una persona encerrada en una habitación.

Si la puerta está cerrada con llave, sabe que está prisionera.

Buscará una salida.

Golpeará la puerta.

Pedirá ayuda.

Intentará escapar.

Pero ¿qué sucedería si la puerta estuviera abierta y la persona creyera que no puede salir?

La prisión continuaría existiendo, aunque no hubiera cadenas.

Esta imagen nos ayuda a comprender el concepto que estudiaremos.

El estupor puede funcionar como una prisión invisible.

No necesariamente obliga mediante violencia.

Puede hacerlo mediante indiferencia.

No necesariamente grita.

Puede susurrar:

“No vale la pena.”

“Déjalo para después.”

“Siempre ha sido así.”

“Alguien más lo hará.”

“No es tan importante.”

“No necesitas cambiar.”

“Quédate donde estás.”

Y poco a poco, aquello que comenzó como una pequeña concesión puede convertirse en un estilo de vida.

Isaías 28:10-12 “Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea,un poquito allí,otro poquito allá; porque en lengua de tartamudos, y en extraña lengua hablará a este pueblo, a los cuales él dijo: Este es el reposo; dad reposo al cansado; y este es el refrigerio;mas no quisieron oír.”

La Iglesia dormida

La expresión que utilizará este libro repetidamente será:

la Iglesia dormida.

No porque pensemos que toda la Iglesia está dormida.

Tampoco porque queramos hacer una acusación general contra el pueblo de Dios.

La expresión funcionará como una imagen.

Una advertencia.

Una pregunta.

Una posibilidad que debe ser examinada.

¿Qué pasaría si una congregación tuviera todos los elementos externos de una Iglesia funcionando, pero hubiera perdido el impulso de avanzar?

¿Qué pasaría si sus miembros hubieran aprendido a reunirse, pero hubieran olvidado para qué se reúnen?

¿Qué pasaría si hubieran aprendido a cantar, pero no a responder?

¿Qué pasaría si hubieran aprendido a escuchar sermones, pero no a obedecer?

¿Qué pasaría si hubieran aprendido a repetir palabras espirituales, pero hubieran perdido la capacidad de discernir?

Aquí aparece una de las ideas centrales de este libro.

Del estupor a la imitación

Cuando una persona pierde la capacidad de discernir, puede comenzar a depender de lo que hacen los demás.

Ya no pregunta:

“¿Qué debo hacer?”

Pregunta:

“¿Qué están haciendo los demás?”

Ya no pregunta:

“¿Qué dice la Palabra?”

Pregunta:

“¿Qué dice mi grupo?”

Ya no pregunta:

“¿Qué me está mostrando Dios?”

Pregunta:

“¿Qué está funcionando en otra iglesia?”

La imitación se convierte entonces en sustituto del discernimiento.

Y es aquí donde aparecen losMejkim, los llamadosImitadoresdentro del marco conceptual de esta obra.

Los Mejkim representan el principio de reproducir sin comprender.

Copiar sin discernir.

Repetir sin investigar.

Adoptar sin examinar.

Seguir sin preguntar.

Esto no significa que toda imitación sea mala.

La Biblia misma presenta ejemplos que debemos seguir.

Pablo pudo decir:

“Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.”

La cuestión, entonces, no es simplementeimitar.

La cuestión es:

¿A quién estamos imitando?

¿Qué estamos imitando?

¿Por qué lo estamos imitando?

Y, sobre todo:

¿Lo estamos examinando?

El peligro de una copia perfecta

Una copia puede parecer auténtica.

Puede utilizar las mismas palabras.

Puede tener la misma apariencia.

Puede producir incluso resultados similares.

Pero sigue siendo una copia.

Esta idea será fundamental cuando estudiemos a los Mejkim.

Porque el imitador no necesariamente crea.

Reproduce.

No necesariamente descubre.

Copia.

No necesariamente discierne.

Observa.

Y cuando el estupor y la imitación se encuentran, puede producirse un ciclo:

Estupor → pérdida de discernimiento → Imitación → estancamiento → mayor estupor.

La persona deja de buscar dirección porque está copiando.

Como está copiando, deja de desarrollar discernimiento.

Al perder discernimiento, se vuelve todavía más dependiente de los modelos externos.

Y cuanto más depende de ellos, menos desarrolla su propia capacidad de discernir.

El ciclo continúa.

Una advertencia necesaria

Antes de avanzar, debemos establecer una regla para todo este libro:

no debemos llamar demoníaco a todo aquello que no entendemos.

Esta obra no pretende convertir cada problema humano en una manifestación espiritual.

El agotamiento puede tener causas físicas.

La depresión puede tener causas psicológicas y médicas.

La falta de motivación puede tener muchas explicaciones.

Los conflictos dentro de una iglesia pueden surgir de factores humanos.

La mala administración puede producir estancamiento.

La falta de preparación puede producir fracaso.

Y muchas veces el problema que buscamos en el mundo espiritual se encuentra también en nuestras propias decisiones.

El discernimiento espiritual comienza precisamente cuando dejamos de buscar explicaciones fáciles.

Por eso Kahut será estudiado como unafigura dentro de la propuesta demonológica de esta obra, mientras que las afirmaciones bíblicas serán examinadas directamente desde el texto de las Escrituras.

Esta diferencia será particularmente importante cuando lleguemos a Romanos 11:8.

El misterio de Romanos 11:8

En el sexto capítulo tendremos que enfrentarnos con una cuestión que no podemos evitar.

Pablo escribe acerca de un“espíritu de estupor”.

La expresión puede llevar inmediatamente al lector a pensar:

“Entonces, ¿Kahut es el espíritu de estupor de Romanos 11:8?”

Esa será precisamente una de las preguntas que examinaremos.

Pero no debemos responderla apresuradamente.

La expresión bíblica debe estudiarse dentro del argumento de Romanos 11, su contexto, el pasaje que Pablo está citando y la manera en que la Escritura utiliza el concepto de estupor.

El objetivo no será hacer que la Biblia encaje dentro de nuestra teoría.

Será exactamente al contrario:

la teoría tendrá que someterse al texto bíblico.

Esta será una de las reglas fundamentales de nuestra obra.

El propósito de este libro

No quiero que el lector termine estas páginas simplemente sabiendo más sobre Kahut.

Quiero que termineviendo de otra manera.

Que observe su propia vida.

Que observe su congregación.

Que observe sus hábitos.

Que examine aquello que repite.

Que cuestione aquello que hace por costumbre.

Que vuelva a preguntar.

Que vuelva a buscar.

Que vuelva a discernir.

Que vuelva a avanzar.

Porque si el resultado de estudiar el estupor es únicamente conocer un nombre más, entonces habremos fracasado.

Pero si el lector termina preguntándose:

“¿Estoy despierto?”

Entonces esta obra habrá comenzado a cumplir su propósito.

Kahut será nuestro eje.

Los Mejkim serán una de las claves de interpretación.

El estupor será nuestro territorio de obra.

El discernimiento será nuestra herramienta.

Y la Escritura será el punto de referencia con el que tendremos que contrastarlo todo.

Porque existe una diferencia enorme entresaber que existe un problemaydespertar de él.

Y quizá el primer paso para despertar sea atreverse a reconocer algo que muchos prefieren no admitir:

podemos estar haciendo muchas cosas y, aun así, estar dormidos.

El enemigo de la movilidad

Hay enemigos que atacan haciendo ruido.

Otros atacan en silencio.

Algunos buscan destruir lo que encuentran.

Otros parecen conformarse con algo más sencillo:impedir que aquello que debería avanzar continúe avanzando.

En la propuesta espiritual que desarrolla este libro, Kahut representa precisamente esta segunda clase.

Kahut es presentado como un espíritu asociado alestupor, cuyo campo de acción se relaciona con el sueño espiritual, la apatía, la indiferencia, el estancamiento y la pérdida progresiva de iniciativa.

Su obra no tendría que manifestarse necesariamente mediante acontecimientos extraordinarios.

Podría manifestarse mediante algo mucho más cotidiano:

La ausencia de movimiento.

Porque existe una forma de derrota que no consiste en caer.

Consiste en permanecer en el mismo lugar.

1. El significado del nombre

Dentro de la tradición y marco conceptual de este libro, el nombreKahutidentifica al espíritu que estudiaremos como representación del estupor espiritual.

No debemos confundir esta presentación con una afirmación de que la Biblia mencione a un demonio llamado Kahut.

La Escritura no presenta a Kahut por nombre.

El nombre y las características que desarrollaremos pertenecen al sistema demonológico que constituye el objeto de esta obra.

Esta aclaración es importante porque queremos construir un libro serio.

No necesitamos atribuirle a la Biblia algo que la Biblia no dice.

Podemos estudiar una propuesta espiritual, compararla con las Escrituras y permitir que el lector examine sus conclusiones.

La pregunta fundamental será entonces:

¿Qué representa Kahut?

Representa, dentro de nuestra obra, el principio delestupor que mantiene dormida a la Iglesia.

2. El estupor como estado espiritual

Para comprender a Kahut debemos comprender primero aquello que representa.

El estupor puede describirse como un estado de aturdimiento, insensibilidad o disminución de la capacidad de responder.

Llevado al terreno espiritual, podemos imaginar a una persona que escucha, pero no reacciona.

Ve, pero no actúa.

Comprende intelectualmente, pero no responde interiormente.

Sabe que debe avanzar, pero permanece detenida.

Sabe que debería cambiar, pero posterga.

Sabe que existe una necesidad, pero espera que alguien más intervenga.

El problema no es necesariamente la falta de conocimiento.

A veces el problema es la incapacidad de convertir el conocimiento en respuesta.

Y allí encontramos una diferencia fundamental:

Saber no siempre significa despertar.

Una persona puede conocer cientos de enseñanzas bíblicas y permanecer espiritualmente inmóvil.

Puede escuchar miles de predicaciones y no cambiar.

Puede tener una biblioteca llena de libros y no desarrollar discernimiento.

Puede conocer el lenguaje de la fe y, sin embargo, vivir sin pasión.

La información puede aumentar mientras la sensibilidad disminuye.

Y cuando eso sucede, el conocimiento deja de producir transformación.

3. Una Iglesia que duerme de pie

Imaginemos una iglesia que se reúne cada semana.

Las puertas se abren.

Las personas llegan.

Se canta.

Se predica.

Se ora.

Se despide a la congregación.

La siguiente semana ocurre nuevamente.

Y la siguiente.

Y la siguiente.

Todo parece normal.

Pero después de cinco años, algo permanece igual.

Después de diez años, continúa igual.

Después de veinte, también.

La estructura existe.

La rutina existe.

La actividad existe.

Pero el avance se ha detenido.

Esta es la imagen que debemos mantener presente durante nuestra obra:

Una Iglesia que puede estar funcionando sin estar avanzando.

Kahut, dentro del concepto que estudiamos, no necesitaría necesariamente destruir esa iglesia.

Podría ser suficiente con mantenerla ocupada.

Porque una iglesia ocupada no necesariamente es una iglesia productiva.

Podemos estar ocupados organizando reuniones y no evangelizando.

Podemos estar ocupados discutiendo métodos y no alcanzando personas.

Podemos estar ocupados defendiendo nuestras costumbres y no cumpliendo nuestra misión.

Podemos estar ocupados hablando del avivamiento y no viviendo una vida transformada.

La actividad puede convertirse en una cortina que esconda el estancamiento.

4. El arma de la apatía

La apatía o indiferencia [espíritu de apatía:Adishut] es una de las expresiones más peligrosas del estupor.

Cuando una persona está enojada [espíritu de enojo:Kaa'as], todavía está reaccionando.

Cuando una persona está triste [espíritu de tristeza:Etzev], todavía está sintiendo.

Cuando una persona está preocupada [espíritu de preocupación:D'aga], todavía está respondiendo.

Pero cuando aparece la apatía, surge una frase interior particularmente peligrosa:

“No me importa.”

La apatía puede transformar una necesidad urgente en algo irrelevante.

Una persona observa que otros necesitan ayuda y no responde.

Ve que una congregación necesita crecer y no se involucra.

Observa que existen oportunidades para evangelizar y prefiere permanecer cómoda.

Escucha una exhortación y piensa:

“Eso es para alguien más.”

La apatía convierte la responsabilidad en indiferencia.

Y cuando la indiferencia se vuelve colectiva, la iglesia puede comenzar a perder su capacidad de responder a su entorno.

5. El frío espiritual

Otro concepto relacionado con Kahut será elfrío espiritual.

No hablamos aquí de una temperatura. Hablamos de la pérdida de pasión [Espíritu de pasión:Tshuka].

Hubo un tiempo en que orar producía deseo.

Ahora produce rutina.

Hubo un tiempo en que evangelizar producía alegría.

Ahora produce cansancio.

Hubo un tiempo en que estudiar las Escrituras provocaba hambre.

Ahora produce únicamente información.

Hubo un tiempo en que servir era un privilegio.

Ahora parece una obligación.

El corazón no necesariamente ha abandonado la fe. Pero ha perdido calor. Y esta condición puede ser particularmente peligrosa porque puede permanecer escondida detrás de una apariencia religiosa [espíritu de religiosidad:Datiut].

La persona continúa haciendo las cosas correctas.

Pero ya no las hace con el mismo corazón.

La forma permanece.

La pasión desaparece.

6. El estancamiento

El estancamiento es diferente al fracaso.

El fracaso significa que intentamos avanzar y no conseguimos llegar.

El estancamiento significa que dejamos de intentarlo.

Una persona puede fracasar diez veces y continuar siendo una persona que avanza.

Pero alguien puede permanecer veinte años exactamente en el mismo lugar porque dejó de intentar avanzar.

Esta diferencia es esencial.

Porque el enemigo del crecimiento no siempre es el fracaso.

A veces es la satisfacción con la inmovilidad.

La frase:

“Así estamos bien.”

Puede parecer prudencia.

Pero algunas veces es simplemente miedo al cambio.

La comodidad puede convertirse en una jaula.

Y cuanto más tiempo permanece abierta la puerta de la jaula sin que nadie intente salir, más difícil puede resultar reconocer que existe una prisión.

7. La esclavitud sin cadenas

Dentro de la propuesta de este libro, otra característica atribuida a Kahut será laesclavitud espiritual mediante la inmovilidad.

Pero debemos entender cuidadosamente esta expresión.

No necesariamente estamos hablando de cadenas visibles.

Una persona puede estar físicamente libre y espiritualmente condicionada.

Puede tener capacidad para decidir y, sin embargo, haber perdido el deseo de hacerlo.

Puede tener oportunidades y no utilizarlas.

Puede tener recursos y no emplearlos.

Puede tener dones y no desarrollarlos.

Puede tener una misión y no cumplirla.

La esclavitud más peligrosa no siempre es aquella que impide salir.

A veces es aquella que consigue que la personadeje de querer salir.

8. La estrategia de la normalización

Quizá uno de los aspectos más profundos del concepto de Kahut sea la normalización.

Lo extraordinario se vuelve cotidiano.

La falta de crecimiento se vuelve normal.

La ausencia de evangelismo se vuelve normal.

La división se vuelve normal.

La frialdad se vuelve normal.

La indiferencia se vuelve normal.

La falta de oración se vuelve normal.

Y cuando todo esto se vuelve normal, deja de provocar alarma.

El problema ya no parece un problema.

Esta puede ser una de las mayores victorias del estupor:

Hacer que el estado enfermo parezca saludable.

Una persona puede vivir años con una condición espiritual deteriorada y llegar a pensar:

“Así soy.”

Una congregación puede vivir años sin crecimiento y pensar:

“Así funcionan las cosas.”

Una generación puede crecer sin pasión espiritual y pensar:

“Así es el cristianismo.”

Cuando una generación deja de imaginar que puede ser diferente, el estancamiento ha adquirido una nueva dimensión.

9. El sueño de la rutina

La rutina no es necesariamente mala.

La disciplina requiere rutina.

La oración necesita constancia.

El estudio bíblico necesita perseverancia.

El servicio necesita compromiso.

Pero existe una diferencia entredisciplinayautomatismo.

La disciplina tiene propósito.

El automatismo solamente repite.

Una persona puede leer la Biblia todos los días y, sin embargo, leer sin prestar atención.

Puede orar todos los días y, sin embargo, repetir palabras sin involucrar el corazón.

Puede asistir a la iglesia todos los domingos y, sin embargo, permanecer espiritualmente desconectada.

La rutina puede conservar una práctica mientras pierde su significado. Y cuando el significado desaparece, la práctica puede convertirse en una especie de sueño.

Los movimientos continúan.

La conciencia disminuye.

10. El comienzo del despertar

Si el problema es el estupor, entonces la primera respuesta no es correr.

Es despertar.

Antes de avanzar hay que abrir los ojos.

Antes de conquistar hay que recuperar la conciencia.

Antes de construir hay que saber dónde estamos.

Antes de imitar hay que discernir.

Por eso el primer enemigo de Kahut no será una actividad.

Será una pregunta.

Una pregunta sencilla:

“¿Por qué?”

¿Por qué hacemos esto?

¿Por qué creemos esto?

¿Por qué seguimos esta práctica?

¿Por qué dejamos de hacer aquello?

¿Por qué ya no tenemos el mismo deseo?

¿Por qué dejamos de evangelizar?

¿Por qué hemos permanecido tanto tiempo en el mismo lugar?

¿Por qué estamos satisfechos?

Las preguntas rompen el automatismo.

Obligan a pensar.

Y pensar nuevamente puede ser el principio del despertar.

11. Kahut y la Iglesia

La Iglesia no fue llamada simplemente a existir.

Fue llamada a vivir.

No fue llamada solamente a reunirse.

Fue llamada a anunciar.

No fue llamada solamente a conservar.

Fue llamada también a avanzar.

Por eso el concepto de Kahut resulta tan importante dentro de esta obra.

Si lo presentamos como una figura del estupor espiritual, entonces su amenaza no debe medirse solamente por lo que destruye.

Debe medirse por lo queimpide que nazca.

Cuántos ministerios nunca comenzaron.

Cuántas personas nunca fueron alcanzadas.

Cuántos llamados nunca fueron desarrollados.

Cuántos dones permanecieron enterrados.

Cuántos sueños espirituales murieron antes de convertirse en realidad.

Cuántas generaciones crecieron esperando que alguien más hiciera aquello que Dios había puesto delante de ellas.

El estancamiento tiene un costo.

Y muchas veces ese costo solamente se descubre cuando ya han pasado los años.

12. La pregunta que queda abierta

Al terminar este primer capítulo todavía no hemos resuelto el misterio.

Y no debemos resolverlo demasiado pronto.

Porque una obra seria necesita permitir que las preguntas maduren.

Si Kahut representa el estupor, debemos preguntarnos cómo funciona ese estupor.

Si mantiene dormida a la Iglesia, debemos preguntarnos cómo consigue hacerlo.

Si produce imitación, debemos descubrir cómo nace esa imitación.

Si los Mejkim representan a los Imitadores, debemos comprender qué relación existe entre el sueño y la copia.

Y sobre todo debemos descubrir una cuestión fundamental:

¿Por qué una persona dormida termina imitando a quien está despierto?

La respuesta a esta pregunta nos llevará al siguiente nivel de nuestra obra.

Porque quizá el imitador no aparece primero.

Quizá primero aparece el estupor.

Primero se pierde el discernimiento.

Después se pierde la iniciativa.

Después se busca un modelo.

Y finalmente se comienza a copiar.

El sueño prepara el terreno para la imitación.

Y en ese territorio es donde comenzaremos a encontrarnos con losMejkim.

Los Imitadores.

El discernimiento es reemplazado por la copia

Existe una pregunta que puede parecer sencilla, pero que es mucho más profunda de lo que aparenta:

¿Por qué hacemos lo que hacemos?

La pregunta puede aplicarse a prácticamente todo.

¿Por qué hablamos de determinada manera?

¿Por qué utilizamos determinadas expresiones?

¿Por qué seguimos determinados métodos?

¿Por qué adoptamos determinadas costumbres?

¿Por qué pensamos de determinada forma?

¿Por qué hacemos en nuestra congregación lo que hacemos?

Y quizá la pregunta más incómoda de todas:

¿Cuántas de nuestras decisiones nacieron de convicciones y cuántas nacieron de imitaciones?

Imitar no es necesariamente malo.

Un niño aprende observando.

Un discípulo puede aprender siguiendo un buen ejemplo.

Una persona puede adquirir experiencia observando a alguien que ya recorrió el camino.

La imitación puede ser una herramienta de aprendizaje.

El problema aparece cuandola imitación sustituye al discernimiento.

Cuando dejamos de examinar y simplemente copiamos.

Cuando dejamos de buscar y comenzamos a reproducir.

Cuando dejamos de preguntar si algo es correcto y solamente preguntamos si funciona.

Dentro del marco espiritual de esta obra, es aquí donde aparecen losMejkim, los llamadosImitadores.

1. ¿Quiénes son los Mejkim?

En la propuesta demonológica desarrollada en este libro, losMejkimrepresentan el principio de la imitación espiritual.

No serán presentados como una afirmación bíblica directa, porque la Biblia no utiliza este término para identificar una clase de espíritus.

Serán estudiados como parte del concepto deKahut y su relación con el estupor.

La idea central es sencilla:

cuando el discernimiento se debilita, la persona se vuelve más susceptible a reproducir lo que observa.

El imitador no necesita comprender completamente aquello que reproduce.

Puede copiar una conducta sin conocer su origen.

Puede repetir una frase sin comprender su significado.

Puede adoptar una práctica sin conocer su propósito.

Puede defender una idea simplemente porque otros la defienden.

Puede incluso llegar a considerar propia una convicción que nunca examinó personalmente.

La imitación puede comenzar de manera inocente.

Pero cuando se convierte en sustituto del discernimiento, se vuelve peligrosa.

2. La primera característica: observar

El imitador observa.

Mira.

Escucha.

Analiza lo que hacen los demás.

Esto, por sí mismo, no es malo.

La observación es necesaria para aprender.

Pero existe una diferencia entreobservar para aprenderyobservar para copiar.

El primero pregunta:

“¿Qué puedo aprender de esto?”

El segundo pregunta:

“¿Cómo puedo hacer exactamente lo mismo?”

Uno busca principios.

El otro busca fórmulas.

Uno busca comprender.

El otro busca reproducir.

Uno desarrolla criterio.

El otro depende del modelo.

Y esta diferencia será fundamental en nuestra obra.

3. La segunda característica: reproducir

Después de observar viene la reproducción.

El imitador toma aquello que ha visto y comienza a repetirlo.

Puede reproducir palabras.

Puede reproducir gestos.

Puede reproducir métodos.

Puede reproducir estructuras.

Puede reproducir estilos.

Puede reproducir incluso comportamientos espirituales.

El problema es que la reproducción externa no garantiza que exista la misma realidad interna. Una persona puede copiar la oración de alguien sin tener la misma vida de oración.

Puede copiar el lenguaje de alguien que tiene una profunda experiencia espiritual sin haber desarrollado esa experiencia.

Puede copiar la predicación de otro sin poseer el mismo conocimiento.

Puede copiar el comportamiento de una persona madura sin haber adquirido la madurez que produjo ese comportamiento.

La forma puede reproducirse.

La esencia no necesariamente.

4. El peligro de copiar el resultado

Una de las mayores tentaciones dentro del ámbito religioso es querer reproducir resultados sin comprender procesos.

Vemos una congregación crecer.

Entonces copiamos su modelo.

Vemos un ministerio tener éxito.

Entonces copiamos su estrategia.

Vemos a un predicador llenar auditorios.

Entonces imitamos su manera de hablar.

Vemos una iglesia desarrollar determinada actividad.

Entonces hacemos exactamente lo mismo.

Pero existe una pregunta que pocas veces hacemos:

¿Por qué funcionó allí?

Y todavía más importante:

¿Dios nos llamó a hacer lo mismo?

El resultado visible puede ser real.

Pero eso no significa que el método sea universal.

Lo que funcionó en una comunidad puede fracasar completamente en otra.

La imitación busca una fórmula.

El discernimiento busca dirección.

5. Cuando la Iglesia comienza a copiar

Una Iglesia puede entrar lentamente en una cultura de imitación.

Al principio parece aprendizaje.

Después se convierte en dependencia.

Finalmente se convierte en identidad.

Ya no sabemos quiénes somos.

Sabemos quiénes queremos parecernos.

Y esto puede producir una paradoja:

Una comunidad que habla constantemente de identidad espiritual puede terminar viviendo una identidad prestada.

Tiene expresiones prestadas.

Métodos prestados.

Conceptos prestados.

Lenguaje prestado.

Modelos prestados.

Y quizá hasta sueños prestados.

No significa que todo lo aprendido de otros sea incorrecto.

La Iglesia aprende unos de otros.

La experiencia de otros puede enseñarnos.

La historia de otros puede advertirnos.

Los errores de otros pueden evitarnos sufrimientos.

Pero aprender de otro no significa convertirse en una copia del otro.

6. La imitación de la apariencia

Los Mejkim, dentro de nuestro modelo conceptual, nos obligan a considerar una cuestión profunda:

¿Qué sucede cuando se imita la apariencia de algo espiritual sin poseer su realidad?

Podemos tener la apariencia de oración sin una vida de oración.

La apariencia de pasión sin verdadera pasión.

La apariencia de autoridad sin carácter.

La apariencia de conocimiento sin sabiduría.

La apariencia de crecimiento sin transformación.

La apariencia de movimiento sin dirección.

Y aquí encontramos nuevamente la relación con Kahut.

El estupor puede producir inmovilidad.

Pero la inmovilidad prolongada puede llevar a buscar una solución externa. Entonces aparece el imitador. La persona observa qué hacen los que parecen estar avanzando.

Y comienza a copiarlos.

Así puede aparecer el ciclo:

Estupor → pérdida de discernimiento → búsqueda de modelos → imitación → dependencia del modelo.

7. El imitador no pregunta

Esta quizá sea una de las características más importantes.

El imitador reproduce.

El discernidor pregunta.

El imitador dice:

“Así se hace.”

El discernidor pregunta:

“¿Por qué se hace así?”

El imitador dice:

“Siempre lo hemos hecho de esta manera.”

El discernidor pregunta:

“¿Todavía debemos hacerlo de esta manera?”

El imitador dice:

“Todos lo hacen.”

El discernidor pregunta:

“¿Eso significa que es correcto?”

El imitador dice:

“Funciona.”

El discernidor pregunta:

“¿Es correcto hacerlo?”

Estas preguntas no son rebeldía.

Pueden ser señales de madurez.

La persona madura no acepta automáticamente todo lo que escucha.

Examina.

Compara.

Discierne.

Investiga.

Y después decide.

8. El problema de la autoridad prestada

Existe otra dimensión de la imitación que merece atención.

La autoridad puede convertirse también en algo prestado.

Una persona puede decir:

“Mi pastor dice…”

“Mi líder dice…”

“Ese predicador dice…”

“Ese ministerio enseña…”

Pero llega un momento en el que debemos preguntarnos:

“¿Qué dice la Escritura?”

La autoridad espiritual no debe depender únicamente de quién pronunció una afirmación.

Una enseñanza no se vuelve verdadera simplemente porque fue pronunciada desde un púlpito.

Un libro no se vuelve correcto simplemente porque tiene un autor famoso.

Una práctica no se vuelve bíblica porque miles de iglesias la practican.

La multitud no reemplaza la verdad.

La popularidad no reemplaza el discernimiento.

Y la imitación no reemplaza la convicción.

9. Defendiendo aquello que copió

Aquí encontramos una de las etapas más delicadas.

Al principio una persona copia algo que observa.

Después comienza a identificarse con ello.

Finalmente llega a defenderlo.

Ya no está defendiendo solamente una práctica.

Está defendiendo su propia identidad.

Por eso puede resultar tan difícil corregir una imitación.

Si cuestionamos la práctica, la persona siente que estamos cuestionándola a ella.

Si cuestionamos el método, siente que cuestionamos su ministerio.

Si cuestionamos una costumbre, siente que cuestionamos su historia.

La copia se ha convertido en identidad.

Y cuando una persona convierte una imitación en identidad, puede llegar a defenderla incluso cuando ya no recuerda por qué comenzó a practicarla.

10. La generación que aprende a copiar

Este fenómeno puede pasar de una generación a otra.

Una generación adopta una práctica.

La siguiente la recibe.

La tercera ya no sabe de dónde vino.

La cuarta cree que siempre fue así.

Y entonces la tradición adquiere una fuerza que puede superar incluso su propósito original.

Esto no significa que toda tradición sea mala. Latradición puede conservar sabiduría.

Puede preservar memoria.

Puede proteger enseñanzas valiosas.

Pero la tradición debe ser examinada.

Porque existe una diferencia entre:

“Hacemos esto porque hemos comprendido su propósito”

y

“Hacemos esto porque nuestros antepasados lo hicieron.”

La primera contiene conciencia.

La segunda puede contener simplemente repetición.

11. Los Mejkim y la pérdida de originalidad

Cuando la imitación domina demasiado tiempo, aparece otra consecuencia:

La pérdida de originalidad.

La persona deja de preguntarse qué puede aportar.

La congregación deja de preguntarse qué misión específica tiene.

El ministerio deja de preguntarse qué llamado recibió.

Todos buscan parecerse a alguien.

Y cuando todos buscan parecerse a alguien, puede producirse una Iglesia llena de copias.

Copias que cantan.

Copias que predican.

Copias que organizan.

Copias que repiten.

Copias que reproducen.

Pero pocas personas preguntan:

“¿Qué quiere Dios que hagamos nosotros?”

Esta pregunta devuelve la responsabilidad al individuo.

Y esa responsabilidad requiere valentía.

Porque es más fácil copiar un modelo que descubrir una misión.

Es más fácil repetir una fórmula que desarrollar una visión.

Es más fácil seguir a alguien que asumir responsabilidad.

12. La imitación también puede ser espiritual

Existe una forma de imitación particularmente difícil de detectar:

La imitación espiritual.

Una persona puede aprender incluso cómo aparentar espiritualidad.

Puede aprender cuándo levantar las manos.

Cuándo decir “amén”.

Cuándo llorar.

Cuándo utilizar determinada expresión.

Cuándo adoptar determinado tono de voz.

Puede aprender incluso cómo comportarse en una reunión.

Pero ninguna de esas cosas garantiza una relación genuina con Dios.

La espiritualidad exterior puede aprenderse.

La transformación interior no puede simplemente copiarse.

Por eso debemos tener cuidado con las apariencias.

Una persona puede aprender el comportamiento de alguien espiritual sin poseer necesariamente la misma profundidad.

Y una congregación puede aprender la apariencia de un avivamiento sin experimentar necesariamente un verdadero despertar.

13. El sueño produce imitadores

Aquí regresamos a Kahut.

¿Por qué colocar a los Mejkim inmediatamente después de estudiar el estupor?

Porque dentro de la secuencia de esta obra existe una conexión:

El estupor reduce la capacidad de discernir.

Cuando el discernimiento disminuye, la persona busca referencias externas.

Cuando busca referencias externas, comienza a depender de modelos.

Cuando depende de modelos, aumenta la posibilidad de imitación.

Y cuando la imitación reemplaza la búsqueda personal, el estancamiento puede profundizarse.

Por eso los Mejkim no deben entenderse únicamente como “espíritus que hacen copiar”. El concepto es más profundo.

Representan el peligro devivir una espiritualidad prestada.

14. Una pregunta para la Iglesia

Tal vez la Iglesia de nuestro tiempo necesita detenerse y preguntarse:

¿Estamos siguiendo a Cristo o estamos siguiendo modelos de cristianismo?

La diferencia es enorme.

Un modelo puede enseñarnos algo.

Cristo transforma.

Un modelo puede mostrarnos una estrategia.

Cristo nos llama.

Un modelo puede enseñarnos una estructura.

Cristo nos da propósito.

Un modelo puede inspirarnos.

Cristo exige una respuesta.

Por eso el problema no es aprender.

El problema es reemplazar la relación con Dios por la dependencia de modelos humanos.

15. El antídoto: discernimiento

Si el problema es la imitación sin discernimiento, entonces necesitamos recuperar el discernimiento. Discernir significa examinar.

Comparar.

Distinguir.

No aceptar todo automáticamente.

No rechazar todo automáticamente.

Examinar.

La persona que discierne no vive reaccionando a cada novedad.

Tampoco vive aferrada ciegamente a todo lo antiguo.

Puede escuchar algo nuevo y examinarlo.

Puede recibir consejo y evaluarlo.

Puede observar a otros y aprender sin convertirse en una copia.

Puede reconocer un buen modelo sin perder su identidad.

Puede admirar a alguien sin dejar de buscar a Dios personalmente. Ese equilibrio es fundamental.

16. El despertar comienza aquí

El verdadero despertar no comienza cuando una persona empieza a hacer más cosas.

Comienza cuando vuelve aver.

Ver su condición.

Ver sus hábitos.

Ver sus motivaciones.

Ver sus imitaciones.

Ver sus errores.

Ver sus posibilidades.

Ver aquello que había dejado de percibir.

El despertar comienza con conciencia.

Después viene la decisión.

Y finalmente viene el movimiento.

Por eso una de las primeras preguntas que debemos formular al estudiar a los Mejkim es:

¿Qué hemos estado copiando sin examinar?

Quizá hemos copiado palabras.

Quizá métodos.

Quizá tradiciones.

Quizá comportamientos.

Quizá modelos de liderazgo.

Quizá incluso hemos copiado una manera de relacionarnos con Dios.

La pregunta no pretende condenarnos.

Pretende despertarnos.

17. El imitador y el original

Existe una última imagen que debemos guardar antes de continuar.

Una copia siempre necesita un original.

El imitador necesita algo que observar.

Y esto nos lleva a una realidad espiritual fundamental:

La Iglesia no fue llamada a ser una copia de otra iglesia.

Fue llamada a seguir a Cristo.

Puede aprender de otras congregaciones.

Puede recibir enseñanza.

Puede estudiar la historia.

Puede adoptar buenas prácticas.

Pero su fuente final no debe ser una moda.

No debe ser una personalidad.

No debe ser un movimiento.

No debe ser una estructura.

Debe buscar a Dios.

Porque cuando dejamos de mirar al Original, inevitablemente comenzamos a buscar copias.

Y quizá esa sea una de las razones por las que el estupor resulta tan peligroso.

El que duerme deja de mirar.

El que deja de mirar comienza a depender de lo que otros le muestran.

Y el que depende completamente de lo que otros le muestran puede terminar viviendo una vida que no escogió conscientemente.

Una vida prestada.

Una fe repetida.

Una espiritualidad imitada.

18. Hacia el siguiente capítulo

Hemos encontrado dos elementos fundamentales de nuestra obra.

Primero:

Kahut representa, dentro de la propuesta de este libro, el estupor que mantiene inmóvil.

Segundo:

Los Mejkim representan el principio de la imitación que puede aparecer cuando el discernimiento se debilita.

Pero todavía falta una pieza.

Debemos preguntarnos qué sucedeentre el estupor y la imitación.

¿Qué ocurre dentro de una persona cuando pierde progresivamente su capacidad de responder?

¿Cómo se instala la apatía?

¿Cómo se transforma la costumbre en indiferencia?

¿Cómo llega una persona a aceptar el estancamiento?

¿Cómo puede una congregación permanecer años en la misma condición sin reconocerlo?

Y, sobre todo:

¿cómo puede despertarse alguien que ya no siente que necesita despertar?

En el próximo capítulo entraremos precisamente en ese territorio.

Ya no estudiaremos solamente a Kahut.

Estudiaremosla obra del estupor.

Porque conocer el nombre del enemigo no significa conocer su estrategia.

Y si queremos comprender verdaderamente el misterio de Kahut, tendremos que aprender a reconocer las señales del sueño antes de intentar despertar de él.

Cuando el sueño comienza a gobernar la vida

El estupor no siempre llega de golpe.

Rara vez una persona despierta un día y descubre que ha perdido completamente su pasión, su iniciativa y su deseo de avanzar.

Generalmente ocurre poco a poco.

Primero aparece una pequeña indiferencia.

Después una demora.

Luego una costumbre.

Más tarde una justificación.

Finalmente, la persona comienza a vivir en un estado que antes habría considerado inaceptable.

Lo peligroso no es solamente quedarse dormido.

Lo peligroso esacostumbrarse a dormir.

Dentro de la propuesta espiritual de este libro, esta es una de las dimensiones más importantes de la obra atribuida a Kahut. No se trata únicamente de provocar sueño. Se trata de convertir el sueño en una condición permanente.

1. El estupor comienza con pequeñas cosas

La mayoría de las grandes caídas comienzan con pequeñas decisiones.

Una persona deja de orar un día.

Después otro.

Después comienza a decir que está demasiado ocupada.

Más adelante la oración deja de formar parte de su rutina.

Al principio siente que algo falta.

Después deja de sentirlo.

Ese segundo momento es más peligroso que el primero.

Porque mientras todavía sentimos la ausencia, todavía existe sensibilidad.

Pero cuando dejamos de sentirla, la ausencia comienza a convertirse en normalidad.

Lo mismo puede ocurrir con el estudio de las Escrituras.

Con el evangelismo.

Con el servicio.

Con la congregación.

Con la búsqueda de Dios.

Con la pasión.

Con la responsabilidad.

El estupor puede avanzar precisamente de esa manera:

Poco a poco, hasta que lo anormal comienza a parecer normal.

2. La pérdida del deseo

Una de las primeras señales que debemos observar es la pérdida del deseo.

No necesariamente se pierde primero el conocimiento.

Se pierde el hambre.

La persona todavía sabe que debería orar.

Sabe que debería estudiar.

Sabe que debería servir.

Sabe que debería evangelizar.

Pero ya no quiere hacerlo.

Aquí aparece una diferencia fundamental entre incapacidad y apatía.

La persona puede tener la capacidad, pero carece del deseo.

Y cuando la falta de deseo se prolonga, comienza a afectar la voluntad.

La persona empieza a posponer.

“Después.”

“Mañana.”

“Cuando tenga tiempo.”

“Cuando las cosas mejoren.”

“Cuando alguien me acompañe.”

“Cuando tenga más fuerzas.”

Siempre existe una razón para esperar.

Y mientras espera, el tiempo continúa avanzando.

3. El enemigo del “después”

Una de las palabras más peligrosas del estupor puede ser:

Después [espíritu de dilación:Sahevet].

Después oraré.

Después estudiaré.

Después evangelizaré.

Después serviré.

Después cambiaré.

Después comenzaré.

Después obedeceré.

El problema es que “después” no tiene fecha.

Puede convertirse en una habitación donde una persona guarda todos sus propósitos.

Y allí pueden permanecer durante años.

Un llamado puede permanecer “para después”.

Un proyecto puede permanecer “para después”.

Una reconciliación puede permanecer “para después”.

Un cambio puede permanecer “para después”.

Hasta que llega un momento en que la persona mira hacia atrás y descubre que aquello que pensaba hacer algún día nunca ocurrió.

El estupor no siempre necesita decir:

“No lo hagas.”

Puede ser suficiente con decir:

“No lo hagas todavía.”

4. La apatía colectiva

Hasta este momento hemos hablado principalmente del individuo.

Pero el problema puede crecer.

Una persona apática puede ser ayudada por otra.

Una congregación puede comenzar a desarrollar una cultura de apatía.

Entonces ya no existe solamente un individuo dormido. Existe un ambiente que favorece el sueño.

Cuando alguien intenta avanzar, escucha:

“Siempre lo hemos hecho así.”

Cuando alguien propone evangelizar:

“Eso es demasiado trabajo.”

Cuando alguien quiere comenzar un ministerio:

“No hay necesidad.”

Cuando alguien quiere cambiar:

“Ya veremos.”

La cultura de la apatía protege el estancamiento.

Y quien intenta despertar puede incluso parecer problemático.

Esto produce una paradoja:

El que duerme se siente cómodo y el que intenta despertar parece incómodo.

5. Cuando la pasión incomoda

La pasión espiritual puede incomodar a quienes se han acostumbrado a la frialdad.

Una persona que comienza a orar más puede ser considerada exagerada.

Una persona que quiere evangelizar constantemente puede ser considerada fanática.

Una persona que quiere estudiar profundamente puede ser considerada demasiado intensa.

Una persona que quiere comenzar algo nuevo puede ser considerada rebelde.

No siempre será así.

A veces realmente necesitamos equilibrio. La pasión sin conocimiento puede producir errores. El entusiasmo sin discernimiento puede producir excesos. Pero tampoco debemos cometer el error contrario:

Confundir la ausencia de pasión con madurez.

La frialdad no siempre es sabiduría.

La indiferencia no siempre es equilibrio.

La falta de iniciativa no siempre es paciencia.

A veces simplemente estamos dormidos.

6. Disfrazarse de estabilidad

Esta es una de las ideas más importantes de este capítulo.

No todo lo que permanece estable está sano.

Un árbol puede permanecer en el mismo lugar durante décadas porque está firmemente plantado.

Pero una persona puede permanecer en el mismo lugar durante décadas porque dejó de crecer.

La estabilidad saludable produce raíces.

El estancamiento produce inmovilidad.

La diferencia está en la vida.

Una iglesia puede mantener sus fundamentos y, al mismo tiempo, continuar creciendo.

Puede conservar su identidad y desarrollar nuevas formas de cumplir su misión.

Puede respetar su historia y todavía avanzar hacia el futuro.

El problema aparece cuando la historia se utiliza como excusa para no avanzar.

Entonces una frase comienza a dominar:

“Aquí siempre se ha hecho así.”

La frase puede contener memoria.

Pero también puede contener miedo.

7. El miedo al cambio

No todo estancamiento proviene directamente de una influencia espiritual.

El miedo humano puede producirlo.

El orgullo puede producirlo.

La comodidad puede producirlo.

La falta de preparación puede producirlo.

El temor al fracaso puede producirlo.

Por eso necesitamos discernimiento.

Sin embargo, dentro del modelo que estamos estudiando, el estupor puede aprovechar precisamente esas debilidades.

Una persona tiene miedo de comenzar.

Entonces no comienza.

Fracasa una vez.

Entonces decide no intentarlo nuevamente.

Recibe críticas.

Entonces deja de proponer.

Experimenta oposición.

Entonces se queda quieta.

Finalmente llega a una conclusión:

“Es mejor no hacer nada.”

Y esa conclusión puede parecer prudencia.

Pero puede ser simplemente una forma sofisticada de rendirse.

8. La esclavitud de la comodidad

La comodidad puede ser una prisión extraordinariamente eficaz.

Porque una persona que sufre por estar encerrada busca salir.

Pero una persona que se siente cómoda dentro de su prisión puede no buscar ninguna salida.

La comodidad dice:

“Quédate aquí.”

“Ya conoces este lugar.”

“No arriesgues.”

“No cambies.”

“No intentes.”

“No fracases.”

“No te expongas.”

“No incomodes a nadie.”

El resultado es una vida sin movimiento.

Y una vida sin movimiento puede comenzar a perder su propósito.

La Iglesia tampoco está exenta de este peligro.

Puede llegar a valorar tanto su comodidad que cualquier esfuerzo evangelístico parezca excesivo.

Puede proteger tanto sus costumbres que cualquier innovación parezca una amenaza.

Puede cuidar tanto su estructura que termine olvidando su misión.

9. El estupor y el tiempo

El tiempo es uno de los aliados más peligrosos del estancamiento.

Porque el tiempo hace que una condición prolongada parezca permanente.

Una persona lleva un año sin avanzar.

Después lleva cinco.

Luego diez.

Y finalmente ya no dice:

“Estoy estancado.”

Dice:

“Esta es mi vida.”

La condición dejó de ser temporal.

Se convirtió en identidad.

Lo mismo puede suceder con una congregación.

Un ministerio comienza con grandes sueños.

Pasan los años.

Los sueños se reducen.

Las expectativas disminuyen.

La visión se vuelve pequeña.

La congregación se acostumbra.

Y finalmente nadie recuerda cuál era el sueño original.

El tiempo no siempre sana el estancamiento.

A veces simplemente lo consolida.

10. El lenguaje del estupor

Si queremos identificar el estupor, debemos escuchar el lenguaje.

Las palabras revelan muchas veces la condición interior.

“Ya no se puede.”

“Eso es imposible.”

“Así son las cosas.”

“Nadie va a venir.”

“Ya lo intentamos.”

“No funcionó.”

“Es demasiado difícil.”

“No vale la pena.”

“Que lo haga otro.”

“Yo no puedo.”

“No tengo tiempo.”

“Algún día.”

Estas frases no significan automáticamente que exista una influencia demoníaca.

Pero pueden convertirse en señales de una mentalidad estancada.

La obra espiritual debe comenzar precisamente allí:

Observando.

Antes de declarar una causa, debemos reconocer los síntomas.

11. El sueño de la resignación

Existe una diferencia entre aceptar una realidad y resignarse a ella.

Aceptar puede significar reconocer lo que no podemos cambiar.

Resignarse puede significar dejar de luchar incluso cuando todavía existe algo que podemos hacer.

La resignación dice:

“No hay nada que hacer.”

La fe pregunta:

“¿Qué puedo hacer con lo que tengo?”

La resignación mira las limitaciones.

La fe busca posibilidades.

La resignación se sienta.

La fe se levanta.

No significa que la fe ignore la realidad.

Significa que la realidad no determina automáticamente la respuesta.

Y esto es precisamente lo que el estupor intenta apagar:

La capacidad de responder.

12. Cuando la persona deja de esperar

La esperanza es una fuerza de movimiento.

Una persona que espera algo puede prepararse.

Puede trabajar.

Puede orar.

Puede perseverar.

Puede continuar.

Pero cuando desaparece la esperanza, aparece la pasividad.

“¿Para qué intentarlo?”

“¿Para qué orar?”

“¿Para qué evangelizar?”

“¿Para qué comenzar?”

La desesperanza puede convertirse en una especie de sueño.

La persona ya no espera nada.

Y cuando deja de esperar, deja de actuar.

Por eso una de las áreas más importantes de nuestra obra será la relación entreestupor y esperanza.

Una Iglesia que pierde la expectativa puede comenzar a perder también su capacidad de avanzar.

13. La pérdida de iniciativa

La iniciativa significa comenzar algo sin esperar que alguien nos obligue.

Una persona con iniciativa observa una necesidad y responde.

Una persona dominada por la pasividad observa una necesidad y espera.

Espera al líder.

Espera al pastor.

Espera al gobierno.

Espera a otra congregación.

Espera a alguien con más experiencia.

Espera a que las circunstancias cambien.

Y mientras espera, nada sucede.

El problema no es recibir dirección.

La dirección es necesaria.

El problema es utilizar la necesidad de dirección como excusa permanente para no actuar.

Una Iglesia madura necesita líderes.

Pero también necesita creyentes capaces de reconocer una necesidad y responder responsablemente.

14. El estupor y los dones enterrados

Una de las tragedias del estancamiento es que no solamente afecta lo que hacemos.

Afecta lo que podríamos haber hecho.

Hay personas con talentos que nunca desarrollaron.

Personas con capacidad para enseñar que nunca enseñaron.

Personas con capacidad para evangelizar que nunca evangelizaron.

Personas con capacidad para servir que nunca comenzaron.

Personas con ideas que nunca las llevaron a cabo.

Personas con llamados que permanecieron solamente como pensamientos.

No todo don no desarrollado tiene una explicación demoníaca.

A veces falta formación.

A veces falta oportunidad.

A veces falta madurez.

A veces falta disciplina.

Pero dentro del modelo de Kahut, esta es precisamente una de las consecuencias que debemos investigar:

Mantener dormido aquello que podría producir movimiento.

15. Cuando la Iglesia se acostumbra a sobrevivir

Existe una diferencia entre vivir y sobrevivir.

Una Iglesia puede pasar años sobreviviendo.

Sobrevive a problemas.

Sobrevive a divisiones.

Sobrevive a dificultades económicas.

Sobrevive a cambios.

Sobrevive a conflictos.

Pero llega un momento en que debemos preguntar:

¿Fuimos llamados solamente a sobrevivir?

La supervivencia puede ser necesaria durante una temporada.

Pero no puede convertirse en una visión permanente.

Una Iglesia que solamente intenta conservar lo que tiene puede perder la oportunidad de alcanzar lo que todavía no tiene.

Y aquí regresamos nuevamente al concepto de Kahut.

El estupor no necesariamente exige que la Iglesia muera.

Puede bastar con mantenerla sobreviviendo.

Una Iglesia que sobrevive durante demasiado tiempo puede olvidar cómo avanzar.

16. El silencio después de la pasión

Tal vez una de las imágenes más dolorosas sea recordar cómo comenzó algo.

Un joven que alguna vez quería servir.

Una congregación que alguna vez quería evangelizar.

Un grupo que alguna vez quería alcanzar una ciudad.

Un ministerio que alguna vez tenía una visión.

¿Dónde quedó aquella pasión?

¿Qué sucedió?

¿En qué momento dejamos de esperar?

¿En qué momento dejamos de intentarlo?

¿En qué momento aceptamos que no sucediera?

Estas preguntas pueden ser incómodas.

Pero son necesarias.

Porque el despertar exige recordar.

Recordar quiénes éramos.

Recordar qué soñábamos.

Recordar qué recibimos.

Recordar qué dejamos atrás.

Y después preguntar:

¿Todavía estamos dispuestos a levantarnos?

17. El despertar no significa hacer ruido

Despertar no significa necesariamente llenar una habitación de actividad.

Una persona puede hacer muchísimo ruido y seguir espiritualmente dormida.

El despertar verdadero comienza con conciencia.

Después produce arrepentimiento cuando es necesario.

Después produce decisión.

Después produce acción.

El orden importa.

Primero vemos.

Después entendemos.

Después decidimos.

Después actuamos.

Por eso el verdadero despertar no es simplemente emoción.

Es transformación.

18. El primer movimiento

Si Kahut representa el estupor y los Mejkim representan la imitación, entonces necesitamos encontrar el punto donde el ciclo comienza a romperse.

Ese punto puede ser muy pequeño.

Una decisión.

Una oración.

Una pregunta.

Una conversación.

Un estudio.

Un acto de obediencia.

Un paso.

No necesitamos conocer todo el camino para dar el primer paso.

Una persona dormida no necesita correr.

Primero necesita abrir los ojos.

Después sentarse.

Después ponerse de pie.

Después caminar.

El despertar espiritual puede funcionar de la misma manera.

Primero conciencia.

Después decisión.

Después movimiento.

19. El comienzo de la resistencia

La resistencia al estupor no comienza necesariamente con una gran batalla espiritual. Puede comenzar con algo aparentemente sencillo:

Negarse a aceptar el estancamiento como normal.

Decir:

“Quiero volver a buscar.”

“Quiero volver a aprender.”

“Quiero volver a orar.”

“Quiero volver a servir.”

“Quiero volver a evangelizar.”

“Quiero volver a discernir.”

“Quiero volver a avanzar.”

Estas frases pueden parecer pequeñas. Pero representan una ruptura con la resignación. Porque el que despierta comienza a recuperar algo que el estupor intenta apagar:

La voluntad.

20. Una Iglesia que vuelve a caminar

Imaginemos nuevamente la Iglesia que encontramos al comienzo.

Una Iglesia fría.

Una Iglesia apática.

Una Iglesia cansada.

Una Iglesia estancada.

Una Iglesia que repite.

Una Iglesia que observa.

Una Iglesia que espera.

Ahora imaginemos que algo comienza a cambiar.

Una persona vuelve a orar.

Otra comienza a evangelizar.

Otra descubre su llamado.

Otra decide estudiar.

Otra empieza a servir.

Otra deja de copiar y comienza a buscar dirección.

Otra se atreve a preguntar.

Otra vuelve a creer.

Y poco a poco el cuerpo comienza a moverse.

No porque alguien gritó más fuerte.

No porque apareció una nueva moda.

No porque se copió un modelo.

Sino porque comenzó un despertar.

21. La pregunta que prepara el siguiente capítulo

Hasta aquí hemos observado el fenómeno.

Hemos hablado del sueño.

De la apatía.

Del estancamiento.

De la resignación.

De la pérdida de iniciativa.

De la imitación.

Pero todavía necesitamos entrar en una dimensión más profunda.

Porque si una persona permanece dormida durante demasiado tiempo, algo puede suceder:

Puede comenzar a construir su vida alrededor de su sueño.

La persona ya no solamente está dormida.

Ha aprendido a vivir dormida.

La congregación ya no solamente está estancada.

Ha creado estructuras alrededor del estancamiento.

Y entonces despertar se vuelve más difícil.

Porque despertar significa cambiar.

Cambiar significa abandonar ciertas comodidades.

Y abandonar comodidades significa enfrentar aquello que durante años hemos evitado.

Aquí comenzará nuestra siguiente etapa.

En el próximo capítulo examinaremoscómo el estupor puede transformar una condición temporal en una cultura permanente, cómo la Iglesia puede llegar a aceptar el estancamiento como identidad y cómo el discernimiento puede comenzar a recuperarse.

Porque quizá la pregunta más importante ya no sea:

“¿Estamos dormidos?”

Quizá sea:

“¿Qué hemos construido mientras estábamos dormidos?”

Cuando deja de parecer un problema

Una persona puede acostumbrarse a casi cualquier cosa.

Puede acostumbrarse al ruido.

Puede acostumbrarse al silencio.

Puede acostumbrarse al frío.

Puede acostumbrarse al calor.

Puede acostumbrarse incluso a una situación que al principio le parecía insoportable.

Lo mismo puede suceder espiritualmente.

Aquello que un día nos preocupó puede dejar de preocuparnos.

Aquello que un día nos hizo llorar puede dejar de conmovernos.

Aquello que un día consideramos urgente puede convertirse en una actividad secundaria.

Y aquello que un día llamamos estancamiento puede terminar recibiendo un nombre mucho más cómodo:

“Normalidad”.

Ese es uno de los territorios más profundos que debemos explorar en relación con Kahut.

Porque si el estupor solamente produjera cansancio, sería relativamente sencillo reconocerlo.

Pero cuando consigue transformar la percepción de una comunidad, el problema cambia.

Ya no se trata únicamente de individuos dormidos.

Se trata de unacultura del sueño.

1. Cuando la excepción se convierte en norma

Toda transformación negativa suele tener un proceso.

Al principio alguien dice:

“Esto no está bien.”

Después alguien responde:

“Es solamente una temporada.”

Más tarde:

“Siempre hemos tenido este problema.”

Finalmente:

“Así somos.”

La primera frase contiene preocupación.

La segunda contiene esperanza.

La tercera contiene resignación.

La cuarta contiene identidad.

Cuando llegamos a“así somos”, el problema se ha profundizado.

Ya no estamos describiendo una situación.

Estamos definiendo quiénes creemos ser.

Y una persona que cree que su condición es parte inevitable de su identidad puede dejar de luchar contra ella.

2. La normalización del estancamiento

Una iglesia puede acostumbrarse a no crecer.

Puede acostumbrarse a tener pocos obreros.

Puede acostumbrarse a no evangelizar.

Puede acostumbrarse a no formar nuevos líderes.

Puede acostumbrarse a tener siempre los mismos problemas.

Puede acostumbrarse a perder personas.

Puede acostumbrarse a comenzar proyectos que nunca terminan.

Puede acostumbrarse a reuniones donde nadie espera realmente que suceda algo.

Con el tiempo, todas estas cosas pueden convertirse en parte del paisaje.

Ya nadie se sorprende.

Ya nadie pregunta.

Ya nadie investiga.

Ya nadie confronta.

Y cuando desaparecen las preguntas, el estancamiento obtiene protección.

3. La comodidad de lo conocido

El ser humano suele preferir lo conocido a lo incierto.

Incluso cuando lo conocido no es bueno.

Una habitación pequeña puede resultar más cómoda que una puerta que conduce a un territorio desconocido.

Por eso algunas personas prefieren permanecer en un problema conocido antes que arriesgarse a construir una solución desconocida.

La Iglesia también puede caer en esa tentación.

“Sabemos cómo funcionan las cosas aquí.”

“Sabemos qué esperar.”

“Sabemos cómo serán las reuniones.”

“Sabemos quién hará cada cosa.”

Todo está bajo control.

Pero quizá el problema sea precisamente ese:

Todo está bajo control, excepto el crecimiento.

4. El precio de la comodidad

La comodidad parece gratuita.

Pero tiene un precio.

El precio puede ser la oportunidad perdida.

Una puerta que no abrimos.

Una persona que no alcanzamos.

Un ministerio que nunca comenzó.

Un llamado que nunca desarrollamos.

Una generación que nunca fue discipulada.

Un talento que nunca fue utilizado.

Una visión que nunca se convirtió en realidad.

La comodidad puede protegernos del fracaso.

Pero también puede protegernos del éxito.

Puede evitar que caigamos.

Pero también puede impedir que caminemos.

5. Mantiene dormida a una comunidad

Las culturas se construyen también con palabras.

Una comunidad que repite determinadas frases durante años termina pensando de acuerdo con ellas.

“Eso no se puede.”

“Aquí nunca ha funcionado.”

“La gente ya no quiere.”

“Los jóvenes no participan.”

“Nadie tiene tiempo.”

“No hay recursos.”

“No tenemos suficientes personas.”

“Eso es demasiado difícil.”

Cada frase puede contener una parte de verdad.

Pero el problema aparece cuando una explicación se convierte en una sentencia.

La diferencia entre ambas es enorme.

Una explicación dice:

“Tenemos una dificultad.”

Una sentencia dice:

“No podemos hacer nada.”

La primera permite buscar soluciones.

La segunda mata la iniciativa.

6. El miedo disfrazado de prudencia

No todo rechazo al cambio es sabiduría.

A veces llamamos “prudencia” a nuestro miedo.

Decimos:

“Hay que esperar.”

Y realmente queremos decir:

“Tenemos miedo.”

Decimos:

“Todavía no es el momento.”

Y quizá queremos decir:

“No queremos arriesgarnos.”

Decimos:

“Debemos analizarlo más.”

Y tal vez queremos decir:

“No queremos decidir.”

La prudencia verdadera examina y después actúa.

El miedo examina indefinidamente para evitar actuar.

La diferencia está en el resultado.

7. Cuando son vistos como una amenaza

Una cultura de estupor puede desarrollar mecanismos para protegerse.

Cuando alguien comienza a cuestionar el estancamiento, puede ser percibido como problemático.

“Siempre está cuestionando.”

“Siempre quiere cambiar.”

“Siempre está proponiendo cosas.”

“¿Por qué no puede quedarse tranquilo?”

Esto puede ser especialmente doloroso. Porque la persona que intenta despertar una comunidad puede terminar sintiéndose sola.

Pero debemos mantener equilibrio.

No toda persona que quiere cambiar algo tiene razón.

El cambio por sí mismo no es señal de madurez.

Una persona puede querer cambiar simplemente por novedad.

Por eso nuevamente necesitamos discernimiento.

La pregunta no debe ser:

“¿Queremos cambiar?”

Debe ser:

“¿Qué debemos cambiar y por qué?”

8. El otro extremo: cambiar por cambiar

Aquí aparece un peligro igualmente importante.

Después de estudiar el estancamiento podríamos cometer el error de pensar que todo lo antiguo debe desaparecer y todo lo nuevo debe aceptarse.

Eso tampoco es discernimiento.

La Iglesia no necesita cambiar simplemente para parecer moderna.

No necesita abandonar todo lo anterior simplemente porque es antiguo.

No necesita copiar cada tendencia.

No necesita correr detrás de cada método.

Porque eso sería regresar al problema de los Mejkim.

Cambiar sin discernir también puede ser una forma de imitación.

La verdadera libertad no consiste en hacer lo contrario de los demás.

Consiste en poder discernir.

9. El imitador dentro de la cultura

Ahora podemos comprender mejor la relación entre Kahut y los Mejkim.

Cuando una cultura está estancada, puede buscar soluciones rápidas.

Observa a alguien que parece tener éxito.

Lo copia.

Después observa otro modelo.

Lo copia también.

Finalmente la comunidad comienza a saltar de modelo en modelo.

Pero nunca desarrolla una identidad propia.

Esto produce una contradicción:

Una Iglesia puede estar constantemente cambiando y, al mismo tiempo, permanecer estancada.

¿Por qué?

Porque cambiar de modelo no significa avanzar.

Si cada cambio consiste únicamente en copiar a alguien diferente, seguimos dependiendo de otros.

El movimiento externo puede ocultar una dependencia interna.

10. La identidad prestada

Una persona puede vestir como alguien.

Hablar como alguien.

Predicar como alguien.

Organizar como alguien.

Pero todavía necesita descubrir quién es.

Lo mismo ocurre con una Iglesia.

Una congregación puede parecerse a otra y seguir sin saber cuál es su propia misión.

La identidad prestada siempre necesita un modelo.

Y cuando el modelo cambia, la identidad también cambia.

Por eso el despertar incluye recuperar identidad.

Preguntarnos:

¿Quiénes somos?

¿Qué hemos recibido?

¿Qué debemos hacer?

¿Qué misión tenemos?

¿Qué podemos aportar?

Estas preguntas pueden sacar a una comunidad de la dependencia.

11. El problema de vivir mirando hacia atrás

Una cultura estancada suele mirar constantemente hacia atrás.

“Antes éramos…”

“Antes teníamos…”

“Antes sucedía…”

“Antes había…”

Recordar no es malo.

La memoria puede ser preciosa.

Pero existe una diferencia entre recordar el pasado y vivir en él.

Una Iglesia puede honrar su historia sin convertirla en su residencia.

El pasado puede ser una raíz.

Pero no debe convertirse en una cadena.

Si todo lo que podemos decir acerca de nuestra vida espiritual pertenece al pasado, debemos preguntarnos qué está sucediendo en el presente.

12. Cuando la historia reemplaza la visión

Una comunidad puede tener una historia gloriosa y un presente inmóvil.

Puede hablar durante años de lo que Dios hizo.

Pero la pregunta es:

¿Qué está haciendo ahora?

La historia puede inspirar.

Pero no puede sustituir la misión.

Los testimonios del pasado pueden fortalecer la fe.

Pero no pueden convertirse en una excusa para no buscar a Dios en el presente.

El peligro aparece cuando una comunidad utiliza sus recuerdos como evidencia de que ya no necesita avanzar.

“Dios ya lo hizo.”

Sí.

Pero eso no significa que no pueda volver a hacer algo nuevo.

13. El espíritu de “ya llegamos”

Existe una mentalidad peligrosa:

“Ya llegamos.”

Ya tenemos iglesia.

Ya tenemos ministerios.

Ya tenemos líderes.

Ya tenemos reuniones.

Ya tenemos experiencia.

Ya tenemos historia.

Ya tenemos conocimiento.

¿Y ahora qué?

Una comunidad puede confundir posesión con cumplimiento.

Tener algo no significa haber terminado.

Tener un ministerio no significa cumplir toda la misión.

Tener conocimiento no significa tener madurez.

Tener experiencia no significa tener dirección.

El crecimiento espiritual no tiene como meta simplemente acumular.

Tiene como meta producir fruto.

14. La parálisis de la perfección

Otro mecanismo del estancamiento es exigir perfección antes de comenzar.

“No estamos listos.”

“Todavía falta.”

“Necesitamos más preparación.”

“Cuando tengamos mejores instalaciones.”

“Cuando tengamos más personas.”

“Cuando tengamos más dinero.”

“Cuando tengamos más experiencia.”

La preparación es importante.

Pero puede convertirse en una excusa.

Algunas personas pasan tanto tiempo preparándose que nunca comienzan.

La Iglesia puede caer en lo mismo.

Planifica.

Discute.

Analiza.

Corrige.

Vuelve a planificar.

Y nunca ejecuta.

La preparación debe conducir a la acción.

Si nunca conduce a ella, se ha convertido en una forma de inmovilidad.

15. La cultura de esperar

Una comunidad puede convertirse en una comunidad de espectadores. Todos esperan.

Esperan que el pastor haga.

Esperan que el líder organice.

Esperan que alguien financie.

Esperan que alguien predique.

Esperan que alguien evangelice.

Esperan que alguien tenga la visión.

Y así todos esperan. Pero cuando todos esperan, nadie comienza. La Iglesia deja de ser un cuerpo que participa y se convierte en una audiencia que observa.

La audiencia pregunta:

“¿Qué harán por nosotros?”

El cuerpo pregunta:

“¿Qué puedo hacer yo?”

La diferencia es enorme.

16. Recuperar la responsabilidad

El despertar requiere responsabilidad.

No podemos atribuir todo a Kahut.

No podemos atribuir todo a los Mejkim.

No podemos culpar a un espíritu por cada fracaso humano.

Si existe pecado, debemos reconocerlo.

Si existe negligencia, debemos reconocerla.

Si existe falta de preparación, debemos trabajar.

Si existe mala administración, debemos corregirla.

Si existe miedo, debemos enfrentarlo.

Si existe apatía, debemos confrontarla.

La obra espiritual se vuelve peligrosa cuando elimina la responsabilidad humana.

Por eso este libro no pretende ofrecer una excusa.

Pretende ofrecer una pregunta:

¿Qué parte de nuestra inmovilidad hemos permitido nosotros mismos?

17. El despertar exige valentía

Despertar no siempre es agradable.

Cuando alguien despierta después de dormir muchas horas, puede descubrir que tiene responsabilidades pendientes.

Puede descubrir que perdió tiempo.

Puede descubrir que llegó tarde.

Puede descubrir que algo necesita atención.

El despertar espiritual puede producir algo parecido.

Al abrir los ojos podemos descubrir cosas que no queríamos ver.

Errores.

Oportunidades perdidas.

Relaciones rotas.

Dones enterrados.

Años desperdiciados.

Decisiones postergadas.

Pero reconocerlo no tiene que producir desesperanza.

Puede producir acción.

Porque todavía estamos aquí.

Todavía podemos levantarnos.

Todavía podemos caminar.

Todavía podemos comenzar.

18. La diferencia entre condenación y despertar

La condenación dice:

“Ya perdiste demasiado.”

El despertar dice:

“Levántate.”

La condenación mira el tiempo perdido.

El despertar mira el tiempo que queda.

La condenación paraliza.

El despertar moviliza.

Por eso debemos tener cuidado con la manera en que hablamos del estupor. El propósito de identificar un problema no es humillar a quien lo experimenta. Es ayudarle a reconocerlo para poder enfrentarlo. Si el lector termina este libro sintiéndose condenado, habremos perdido el propósito.

Si termina diciendo:

“Necesito despertar”.

Entonces algo ha comenzado.

19. Romper la cultura del sueño

¿Cómo se rompe una cultura de estupor?

No existe una fórmula mágica.

Comienza con verdad.

Continúa con arrepentimiento cuando es necesario.

Se fortalece mediante oración.

Se acompaña de conocimiento.

Necesita disciplina.

Requiere liderazgo.

Necesita participación.

Y exige perseverancia.

Una cultura no cambia porque alguien pronunció una frase poderosa.

Cambia cuando suficientes personas comienzan a vivir de manera diferente.

Una persona despierta puede despertar a otra.

Una familia puede influir en otra.

Un grupo puede transformar una congregación.

Una congregación puede impactar una comunidad.

El despertar puede comenzar pequeño.

20. El regreso del movimiento

Cuando una persona comienza a despertar, el movimiento regresa poco a poco.

Primero piensa.

Después pregunta.

Después decide.

Después actúa.

Y finalmente persevera.

Lo mismo puede ocurrir con una Iglesia.

Primero vuelve a preguntarse cuál es su misión.

Después vuelve a estudiar.

Después vuelve a orar.

Después vuelve a evangelizar.

Después vuelve a servir.

Después vuelve a formar.

Después vuelve a avanzar.

El movimiento verdadero no consiste en hacer más actividades.

Consiste en recuperar propósito.

21. El discernimiento como puerta

Hemos llegado a una conclusión importante.

Si Kahut representa el estupor y los Mejkim representan la imitación, entonces existe una puerta que ambos conceptos nos obligan a recuperar:

El discernimiento.

El discernimiento nos permite distinguir entre:

Lo verdadero y lo falso,

Lo útil y lo inútil,

Lo necesario y lo innecesario,

La convicción y la costumbre,

La dirección y la imitación,

La fe y la presunción,

La perseverancia y la obstinación,

La prudencia y el miedo.

Sin discernimiento podemos caer en dos extremos.

Podemos permanecer inmóviles por miedo.

O podemos movernos sin dirección por imitación.

Necesitamos algo mejor.

Despertar y discernir.

22. El primer paso hacia la libertad

La libertad comienza cuando dejamos de aceptar automáticamente aquello que nos mantiene esclavizados.

Preguntar es un acto de libertad.

Examinar es un acto de libertad.

Reconocer un error es un acto de libertad.

Cambiar es un acto de libertad.

Decidir comenzar es un acto de libertad.

La persona que despierta recupera la capacidad de responder.

Y esa capacidad de responder es precisamente aquello que el estupor intenta apagar.

23. La Iglesia que vuelve a preguntarse

Quizá el verdadero despertar de una Iglesia comience con una reunión en la que alguien se atreva a preguntar:

“¿Estamos haciendo realmente aquello para lo que Dios nos llamó?”

No deberíamos preguntarnos:

“¿Estamos ocupados?”

No deberíamos preguntarnos:

“¿Tenemos actividades?”

No deberíamos preguntarnos:

“¿Tenemos asistentes?”

No deberíamos preguntarnos:

“¿Tenemos un edificio?”

Sino que deberíamos preguntarnos:

“¿Estamos cumpliendo nuestra misión?”

Esta pregunta puede incomodar. Pero puede ser una pregunta santa. Porque obliga a mirar más allá de las apariencias.

24. El final del sueño

El sueño termina cuando alguien decide despertar.

No cuando desaparecen todos los problemas.

No cuando todas las circunstancias mejoran.

No cuando llega el momento perfecto.

El despertar comienza cuando la persona dice:

“Ya no quiero permanecer aquí.”

Esa frase rompe la resignación.

Y después de ella puede venir otra:

“Quiero avanzar.”

Entonces comienza el movimiento.

25. La pregunta del siguiente capítulo

Hemos hablado del estupor como una condición individual.

Lo hemos visto convertirse en apatía.

Lo hemos visto transformarse en cultura.

Hemos observado cómo puede producir dependencia, imitación y estancamiento.

Pero todavía queda una cuestión central.

Si una persona ha estado dormida durante años,¿cómo despierta realmente?

¿Qué debe hacer cuando reconoce que ha perdido sensibilidad?

¿Cómo recupera el deseo?

¿Cómo recupera el discernimiento?

¿Cómo vuelve a caminar?

¿Cómo rompe la dependencia de modelos?

¿Cómo recupera su propia responsabilidad?

El próximo capítulo será nuestra confrontación con estas preguntas.

Porque una obra sobre el estupor no puede terminar describiendo el sueño.

Tiene que hablar del despertar.

Y una obra sobre Kahut no puede limitarse a identificar una amenaza.

Tiene que preguntar cómo recuperar aquello que el estupor pretende apagar:

la voluntad de levantarse, la capacidad de discernir y el valor de avanzar.

El camino del despertar

Llegamos ahora a una de las partes más importantes de nuestra obra.

Hasta este momento hemos hablado del estupor.

Hemos hablado de Kahut.

Hemos hablado de la apatía.

Hemos hablado del estancamiento.

Hemos hablado de los Mejkim y de la imitación.

Hemos hablado de una Iglesia que puede continuar funcionando exteriormente mientras pierde movimiento interiormente.

Pero identificar un problema no es suficiente.

Conocer un nombre no es suficiente.

Reconocer una condición tampoco es suficiente.

Si una persona descubre que está dormida, necesita despertar.

Y si una Iglesia reconoce que lleva años estancada, necesita comenzar a caminar.

Por eso este capítulo no estará dedicado solamente a describir.

Estará dedicado aconfrontar.

Porque llega un momento en el que ya no podemos continuar preguntando qué está sucediendo.

Tenemos que preguntarnos:

“¿Qué vamos a hacer?”

1. El despertar comienza con honestidad

No podemos despertar aquello que nos negamos a reconocer.

Esta es una verdad sencilla, pero profunda.

Mientras una persona diga:

“Estoy bien”.

Cuando en realidad está espiritualmente agotada, no buscará restauración.

Mientras una congregación diga:

“Todo está bien”.

Cuando todos saben que existe estancamiento, no habrá transformación.

Mientras un líder diga:

“No tenemos ningún problema”.

Cuando la apatía se ha convertido en una característica permanente, la situación continuará.

La honestidad es la primera puerta del despertar.

No necesitamos exagerar nuestros problemas.

Pero tampoco necesitamos ocultarlos.

Debemos ser capaces de decir:

“Aquí hemos perdido algo.”

Quizá perdimos pasión.

Quizá perdimos visión.

Quizá perdimos unidad.

Quizá perdimos iniciativa.

Quizá perdimos sensibilidad.

Quizá perdimos hambre espiritual.

Quizá dejamos de avanzar.

Reconocerlo no significa aceptar la derrota.

Significa comenzar a enfrentarla.

2. No todo es Kahut

Aquí debemos detenernos.

Si este libro pretende ser serio, necesitamos establecer un límite.

No podemos atribuir automáticamente cada problema a Kahut.

No todo cansancio es un espíritu.

No toda tristeza es un espíritu.

No toda falta de motivación es un espíritu.

No todo fracaso ministerial es un espíritu.

No todo conflicto es demoníaco.

Los seres humanos tenemos responsabilidades.

Tomamos decisiones.

Cometemos errores.

Nos cansamos.

Nos distraemos.

Nos equivocamos.

Podemos ser negligentes.

Podemos ser orgullosos.

Podemos ser indisciplinados.

Podemos tener miedo.

Podemos administrar mal nuestros recursos.

Por eso, si queremos hablar seriamente de guerra espiritual, debemos hacerlo sin convertirla en una explicación que elimine nuestra responsabilidad.

La pregunta no debe ser solamente:

“¿Qué espíritu está haciendo esto?”

También debemos preguntar:

“¿Qué estamos permitiendo nosotros?”

3. El enemigo perfecto, una excusa perfecta

Existe un peligro muy particular en la manera en que algunas personas entienden la guerra espiritual.

Si todo tiene una explicación demoníaca, entonces el ser humano puede dejar de asumir responsabilidad.

“No oro porque Kahut me detiene.”

“No evangelizo porque Kahut me tiene dormido.”

“No estudio porque un espíritu me impide.”

“No cambio porque estoy bajo ataque.”

Pero existe una pregunta que debemos hacernos:

¿Y qué parte de esto estamos eligiendo nosotros?

Una explicación espiritual nunca debería convertirse en una excusa para la desobediencia.

Si sabemos que debemos orar, debemos orar.

Si sabemos que debemos estudiar, debemos estudiar.

Si sabemos que debemos servir, debemos servir.

Si sabemos que debemos corregir algo, debemos corregirlo.

El despertar requiere responsabilidad.

4. El primer acto de resistencia: volver a pensar

Una persona dormida no necesita solamente abrir los ojos.

Necesita comenzar a pensar nuevamente.

El estupor y la imitación tienen algo en común:

ambos pueden reducir la iniciativa personal.

El uno produce pasividad.

El otro produce dependencia.

Por eso romper el ciclo requiere recuperar la capacidad de pensar.

Preguntar.

Investigar.

Comparar.

Examinar.

No aceptar automáticamente.

No rechazar automáticamente.

Pensar.

Una Iglesia que piensa no es una Iglesia rebelde.

Una Iglesia que piensa puede ser una Iglesia madura.

La fe no tiene por qué tener miedo de las preguntas.

La verdad no necesita miedo del examen.

5. Recuperar el discernimiento

El discernimiento será una de las palabras centrales de este libro.

Discernir significa aprender a distinguir.

No todo lo que parece espiritual procede necesariamente de Dios.

No todo lo que es antiguo es correcto.

No todo lo que es nuevo es malo.

No todo lo popular es verdadero.

No todo lo pequeño es insignificante.

No todo lo grande es exitoso.

No todo lo que produce resultados es necesariamente saludable.

No todo lo que emociona transforma.

No todo lo que impresiona edifica.

El discernimiento nos obliga a mirar más profundamente.

Nos enseña a preguntar:

¿Cuál es el fruto?

¿Cuál es el propósito?

¿Cuál es la motivación?

¿Cuál es la fuente?

¿Qué dice la Escritura?

¿Qué consecuencias produce?

Estas preguntas protegen contra la imitación ciega.

6. Romper con la espiritualidad prestada

Uno de los mayores objetivos de este capítulo es ayudar al lector a reconocer una realidad:

No podemos vivir eternamente de la experiencia espiritual de otros.

Podemos aprender de nuestros pastores.

Podemos recibir enseñanza de maestros.

Podemos admirar a hombres y mujeres de Dios.

Podemos estudiar sus vidas.

Podemos aprender de sus errores.

Podemos beneficiarnos de su experiencia.

Pero llegará el momento en que debemos desarrollar nuestra propia relación con Dios.

No podemos vivir eternamente diciendo:

“Mi pastor dijo.”

“Mi líder enseñó.”

“Mi predicador explicó.”

Tenemos que aprender también a decir:

“He estudiado la Palabra.”

“He orado.”

“He buscado.”

“He examinado.”

“He llegado a esta convicción.”

Eso no significa independizarnos de toda autoridad.

Significa desarrollar madurez.

7. El peligro de depender de modelos

Un modelo puede ser una herramienta.

Pero nunca debe convertirse en una prisión.

Podemos estudiar cómo otra iglesia organiza sus ministerios.

Podemos observar cómo desarrolla sus programas.

Podemos aprender cómo administra sus recursos.

Podemos analizar cómo evangeliza.

Pero no debemos convertirnos en una copia.

Porque una Iglesia no recibe necesariamente la misma misión que otra.

Una ciudad no es igual a otra.

Una generación no es igual a otra.

Una comunidad no es igual a otra.

Una congregación no es igual a otra.

Dios puede utilizar diferentes caminos.

El problema de los Mejkim, dentro del concepto que estamos desarrollando, consiste precisamente en sustituir la búsqueda de dirección por la reproducción de modelos.

8. ¿Qué nos corresponde hacer?

Esta pregunta puede cambiar una congregación.

No preguntarnos:

“¿Qué está haciendo aquella iglesia?”

Sino preguntarnos:

“¿Qué debemos hacer nosotros?”

No preguntarnos:

“¿Qué está funcionando en otros lugares?”

Sino preguntarnos:

“¿Qué necesita nuestra comunidad?”

No preguntarnos:

“¿Cómo podemos parecernos a ellos?”

Sino preguntarnos:

“¿Qué identidad y misión hemos recibido?”

Estas preguntas devuelven el enfoque. La imitación mira hacia afuera. El discernimiento mira hacia Dios y hacia la realidad que tenemos delante.

9. Recuperar el hambre espiritual

El despertar no puede reducirse a una estrategia.

Una persona puede organizar perfectamente su agenda y continuar espiritualmente fría.

Puede asistir a más reuniones.

Puede leer más libros.

Puede escuchar más predicaciones.

Puede participar en más actividades.

Y aun así permanecer vacía.

Por eso necesitamos recuperar algo más profundo:

Hambre.

Hambre por conocer.

Hambre por aprender.

Hambre por orar.

Hambre por servir.

Hambre por compartir.

Hambre por crecer.

Hambre por obedecer.

La persona hambrienta no necesita que alguien la obligue a comer.

Busca alimento.

Y una Iglesia espiritualmente hambrienta no necesita ser empujada permanentemente para moverse.

Comienza a buscar.

10. Recuperar la oración

Si hemos hablado de despertar, no podemos ignorar la oración. La oración no debe convertirse en una fórmula para “combatir a Kahut”. La oración es mucho más profunda.

Es comunión.

Es dependencia.

Es búsqueda.

Es reconocimiento de nuestra necesidad de Dios.

Una Iglesia puede tener excelentes estrategias y poca oración.

Puede tener excelentes programas y poca oración.

Puede tener grandes recursos y poca oración.

Pero el despertar espiritual no puede reducirse a técnicas.

Necesitamos volver a buscar a Dios.

No solamente buscar resultados.

No solamente buscar crecimiento.

No solamente buscar reconocimiento.

Buscar a Dios.

11. Recuperar la Palabra

El segundo gran elemento del despertar será la Escritura.

Si hemos de hablar de discernimiento, necesitamos una referencia.

De lo contrario, cada persona terminaría llamando “discernimiento” a su propia opinión.

La Palabra debe ayudarnos a examinar nuestras ideas.

Nuestros deseos.

Nuestras prácticas.

Nuestras enseñanzas.

Nuestros métodos.

Nuestros conceptos.

Incluso nuestras interpretaciones sobre la guerra espiritual.

Esto es especialmente importante para nuestro estudio de Kahut.

No podemos utilizar la Biblia únicamente para encontrar frases que parezcan confirmar aquello que ya creemos.

Debemos permitir que la Biblia también nos contradiga.

Una obra espiritual seria debe ser corregible.

12. Volver a distinguir entre experiencia y Escritura

Las experiencias espirituales pueden ser significativas.

Pero una experiencia no debe convertirse automáticamente en doctrina.

Una persona puede experimentar algo.

Otra persona puede experimentar algo diferente.

Un líder puede interpretar una experiencia de determinada manera.

Pero debemos preguntar:

¿Qué enseña realmente la Escritura?

Esta regla será fundamental cuando lleguemos al capítulo seis.

Allí compararemos el concepto de Kahut con el “espíritu de estupor” mencionado en Romanos 11:8.

No debemos asumir que son idénticos.

No debemos convertir una semejanza de palabras en una identidad de entidades.

Debemos estudiar el contexto.

13. Recuperar la acción

El despertar que nunca produce acción puede convertirse simplemente en emoción.

Podemos leer un libro.

Sentirnos confrontados.

Llorar.

Tomar decisiones.

Y regresar a nuestra rutina al día siguiente sin cambiar absolutamente nada.

Eso no es despertar completo.

El despertar debe producir movimiento.

Quizá el primer movimiento sea pequeño.

Pero debe existir.

Una llamada.

Una oración.

Una conversación.

Un estudio.

Una visita.

Una predicación.

Una reconciliación.

Un proyecto.

Una decisión.

Un servicio.

Un paso.

No necesitamos resolver toda nuestra vida en un día.

Pero necesitamos comenzar.

14. Romper el “después”

Recordemos una de las palabras que identificamos en el capítulo anterior:

Después.

Si el estupor utiliza la postergación, una de las maneras de resistirlo será comenzar a sustituir “después” por “hoy”.

Hoy voy a orar.

Hoy voy a estudiar.

Hoy voy a pedir perdón.

Hoy voy a comenzar.

Hoy voy a llamar.

Hoy voy a servir.

Hoy voy a evangelizar.

Hoy voy a tomar una decisión.

No significa actuar impulsivamente.

Significa dejar de convertir la postergación en estilo de vida.

15. Despertar a los que están alrededor

El despertar tampoco tiene por qué ser individual.

Una persona puede influir sobre otra.

Un líder puede despertar una visión.

Un padre puede despertar a su familia.

Un maestro puede despertar hambre por aprender.

Un evangelista puede despertar pasión por las almas.

Una congregación puede despertar a otra.

Pero debemos recordar algo:

Nadie puede obligar a otro a despertar.

Podemos llamar.

Podemos exhortar.

Podemos enseñar.

Podemos inspirar.

Podemos acompañar.

Pero finalmente cada persona debe responder.

16. No convertirse en otro tipo de imitador

Aquí aparece una advertencia importante.

Después de estudiar los Mejkim, podemos caer en una nueva trampa.

Podemos comenzar a copiar a quienes están intentando despertar.

Podemos copiar su lenguaje.

Sus métodos.

Sus reuniones.

Sus expresiones.

Sus formas de oración.

Sus estilos.

Y entonces habremos creado un nuevo problema.

El imitador también puede imitar el despertar.

Una persona puede aprender cómo aparentar estar despierta.

Puede aprender cómo hablar como alguien apasionado.

Puede aprender cómo comportarse como alguien espiritual.

Puede copiar incluso la apariencia de una revolución.

Pero si no existe transformación interior, solamente hemos cambiado una imitación por otra.

Por eso el verdadero despertar debe ser auténtico.

No necesita espectáculo.

Necesita fruto.

17. El fruto como evidencia

Una persona despierta comienza a vivir de manera diferente.

No necesariamente se convierte en alguien perfecto.

Pero comienza a responder.

Si antes era indiferente, empieza a interesarse.

Si antes nunca servía, empieza a involucrarse.

Si antes nunca estudiaba, comienza a aprender.

Si antes siempre postergaba, empieza a actuar.

Si antes copiaba, comienza a discernir.

Si antes estaba fría, comienza a recuperar sensibilidad.

El fruto puede ser gradual.

Pero debe existir.

Porque el despertar no se demuestra únicamente con palabras.

Se demuestra con vida.

18. El despertar de una Iglesia

Ahora imaginemos una Iglesia que comienza a romper el ciclo.

Los miembros empiezan a orar.

Los líderes empiezan a escuchar.

Los jóvenes empiezan a participar.

Las familias empiezan a involucrarse.

Los dones comienzan a desarrollarse.

Los discípulos comienzan a formarse.

Los creyentes empiezan a evangelizar.

Los ministerios comienzan a colaborar.

Las preguntas dejan de ser vistas como amenazas. El aprendizaje sustituye a la repetición.

La misión sustituye a la comodidad.

La visión sustituye al estancamiento.

Entonces ocurre algo importante.

La Iglesia deja de vivir reaccionando a modelos externos. Comienza a desarrollar una identidad propia.

19. El verdadero enemigo

Después de todo lo que hemos estudiado, podríamos pensar que el verdadero enemigo es Kahut.

Pero debemos ser más precisos.

El verdadero enemigo de una Iglesia no es simplemente un nombre.

El verdadero enemigo es todo aquello que la separa de la voluntad de Dios.

Si hablamos de Kahut como una figura espiritual asociada al estupor, entonces debemos entender que el problema representado por él es más profundo que una personalidad demonológica.

El problema es:

Dormir cuando deberíamos estar despiertos.

Permanecer cuando deberíamos avanzar.

Imitar cuando deberíamos discernir.

Callar cuando deberíamos hablar.

Observar cuando deberíamos actuar.

Esperar indefinidamente cuando deberíamos comenzar.

Ahí está el verdadero campo de batalla.

20. La Iglesia no puede vivir dormida para siempre

Puede hacerlo durante una temporada.

Puede incluso hacerlo durante años.

Pero tarde o temprano tendrá que responder a una pregunta:

¿Para qué existimos?

Una Iglesia no puede vivir eternamente de su pasado.

No puede vivir solamente de sus recuerdos.

No puede vivir solamente de sus programas.

No puede vivir solamente de sus edificios.

No puede vivir solamente de sus líderes.

Necesita propósito.

Necesita vida.

Necesita misión.

Necesita discernimiento.

Necesita movimiento.

21. Una última mirada hacia Kahut

Al comenzar este libro, presentamos a Kahut como una figura asociada al estupor.

Ahora podemos comprender mejor lo que esto significa dentro de nuestro marco conceptual.

Kahut no representa simplemente sueño físico.

Representa una condición espiritual caracterizada por:

Apatía,

Frialdad,

Estancamiento,

Inoperancia,

Pérdida de iniciativa,

Resignación

ypérdida de discernimiento.

Y cuando ese estado se prolonga, aparece el terreno donde los Mejkim adquieren relevancia:

La imitación.

El que ya no discierne comienza a copiar.

El que ya no busca comienza a observar.

El que ya no crea comienza a reproducir.

El que ya no avanza comienza a seguir.

Por eso nuestra lucha no termina con despertar.

Después de despertar debemos aprender a caminar.

Y para caminar necesitamos discernimiento.

22. El momento de levantarse

Hay una escena que puede resumir todo este libro.

Una persona ha estado acostada durante mucho tiempo.

Alguien entra en la habitación y abre las cortinas.

La luz entra.

La persona abre los ojos.

Pero todavía permanece acostada.

La luz llegó.

Los ojos se abrieron.

Pero todavía no se levantó.

Ese momento representa una decisión.

Porque despertar no es únicamente abrir los ojos.

Eslevantarse.

Y levantarse requiere voluntad.

Requiere decisión.

Requiere movimiento.

Requiere abandonar la posición anterior.

Tal vez eso sea precisamente lo que debemos hacer.

No solamente reconocer el estupor.

No solamente identificar a Kahut.

No solamente estudiar a los Mejkim.

Sino levantarnos.

23. El último paso antes de la gran comparación

Hemos recorrido un largo camino.

Hemos comenzado con el sueño.

Hemos conocido el concepto de Kahut.

Hemos estudiado a los Mejkim.

Hemos examinado la imitación.

Hemos observado la apatía.

Hemos estudiado el estancamiento.

Hemos hablado de la cultura del sueño.

Y finalmente hemos buscado un camino hacia el despertar.

Pero todavía existe una pregunta que no podemos ignorar.

Una pregunta que nos llevará al capítulo final de nuestra obra:

¿Qué significa realmente “espíritu de estupor” en la Biblia?

Porque existe un texto que utiliza precisamente esa expresión.

Pablo escribe enRomanos 11:8acerca de un espíritu de estupor.

Y aquí debemos detenernos.

Porque si hemos utilizado la palabra “estupor” para describir a Kahut, no podemos simplemente asumir que el texto de Pablo está hablando del mismo concepto.

Tenemos que abrir las Escrituras.

Tenemos que estudiar el contexto.

Tenemos que analizar el argumento de Pablo.

Tenemos que preguntar qué significa el texto.

Y entonces podremos colocar, uno junto al otro, dos conceptos:

Kahut, el espíritu de estupor dentro de la propuesta demonológica de este libro;

y

el “espíritu de estupor” mencionado por Pablo en Romanos 11:8.

Quizá encontremos semejanzas.

Quizá encontremos diferencias.

Quizá descubramos que la misma palabra puede describir realidades diferentes.

Pero no debemos decidirlo antes de investigar.

El próximo capítulo será, por tanto, diferente a los anteriores.

Ya no hablaremos solamente desde el marco conceptual de Kahut.

Entraremos directamente al texto bíblico.

Y allí tendremos que hacer una de las distinciones más importantes de toda esta obra:

Una cosa es el estupor como fenómeno espiritual dentro de nuestra propuesta, y otra cosa es determinar qué quiso decir realmente Pablo cuando habló del “espíritu de estupor”.

La diferencia entre ambas cosas será fundamental.

Porque el despertar verdadero no consiste en creer todo lo que escuchamos.

Consiste en aprender a discernir.

Y ahora ha llegado el momento de hacerlo.

CAPÍTULO 6

KAHUT Y EL “ESPÍRITU DE ESTUPOR” DE ROMANOS 11:8

Dos conceptos que no debemos confundir

Hemos llegado al punto culminante de nuestra obra.

Durante los capítulos anteriores hemos seguido el rastro de una figura que, dentro del marco conceptual de este libro, hemos denominadoKahut, asociado con el estupor, la apatía, la inmovilidad y el estancamiento espiritual.

Hemos hablado también de losMejkim, los “Imitadores”, como una expresión relacionada con la pérdida de discernimiento: cuando una persona deja de examinar, deja de buscar y comienza simplemente a reproducir lo que observa.

Hemos visto cómo el estupor puede manifestarse como una Iglesia fría, cansada, apática, inoperante y sin deseo de avanzar.

Pero ahora debemos hacer una distinción fundamental.

Existe un texto bíblico que habla de un“espíritu de estupor”.

Se encuentra en Romanos 11:8.

Y aquí debemos ser extremadamente cuidadosos.

Porque sería fácil afirmar:

“La Biblia habla del espíritu de estupor, por lo tanto está hablando de Kahut.”

Pero esa conclusiónno puede establecerse simplemente por la coincidencia del término.

La Escritura debe interpretarse dentro de su contexto.

Por eso este capítulo será diferente.

Aquí no intentaremos demostrar que Kahut es el espíritu mencionado por Pablo.

Examinaremos primero qué dice el texto y después compararemos ambos conceptos.

1. El texto de Romanos 11:8

Pablo está explicando una cuestión relacionada con Israel y su respuesta al Mesías.

En Romanos 11, el apóstol presenta una pregunta fundamental:

¿Ha rechazado Dios a su pueblo?

Y su respuesta es contundente:

“En ninguna manera.”

Pablo mismo presenta su propia vida como evidencia de que Dios no ha abandonado a Israel.

Después comienza a explicar que, aunque existe una parte de Israel que no recibió el mensaje, esto no significa que Dios haya rechazado definitivamente a su pueblo.

Es dentro de esta argumentación donde aparece Romanos 11:8.

La expresión tradicionalmente traducida como“espíritu de estupor”aparece relacionada con palabras que describen una condición de insensibilidad o aturdimiento.

En otras palabras, Pablo está hablando de personas que no perciben adecuadamente aquello que tienen delante.

2. El contexto es indispensable

No podemos sacar Romanos 11:8 de Romanos 11.

Y tampoco podemos sacar Romanos 11 de Romanos 9–11.

Pablo está desarrollando una extensa explicación acerca de Israel, la elección, la incredulidad, la misericordia y el propósito de Dios. Por eso el “espíritu de estupor” no aparece en el texto como una explicación general de todos los problemas espirituales que existen.

No está presentando una clasificación de demonios.

No está ofreciendo un catálogo de espíritus.

No está diciendo:

“Existe un demonio llamado estupor que hace esto, esto y esto.”

Eso sería introducir en el texto algo que el texto no afirma.

Por tanto, debemos mantener una diferencia entre:

lo que la Biblia realmente dice

y

la interpretación demonológica que hemos desarrollado como tema de este libro.

3. ¿Qué significa “estupor”?

La palabra traducida como “estupor” está relacionada con una idea deaturdimiento, insensibilidad o falta de percepción.

La imagen resulta poderosa.

Una persona puede tener ojos y, sin embargo, no percibir.

Puede tener oídos y, sin embargo, no escuchar.

Puede tener capacidad intelectual y, sin embargo, no comprender espiritualmente.

Puede tener delante una realidad y, aun así, permanecer insensible ante ella.

Esto nos permite comprender por qué la palabra “estupor” resulta tan apropiada para la imagen que Pablo está utilizando.

Pero nuevamente:

Una semejanza conceptual no demuestra identidad entre Kahut y el espíritu mencionado por Pablo.

4. La diferencia fundamental

Aquí encontramos la distinción más importante de todo el libro.

En nuestra propuesta,Kahutha sido presentado como una figura demonológica asociada con una condición de estupor espiritual que mantiene a la Iglesia dormida, apática, fría, estancada e inoperante.

Pero Romanos 11:8 presenta el “espíritu de estupor” dentro de una explicación teológica sobre la condición de Israel.

Por lo tanto, debemos evitar afirmar que Pablo está describiendo específicamente a Kahut.

No tenemos base bíblica suficiente para hacer esa identificación.

Esta aclaración no destruye el propósito del libro.

Al contrario.

Lo fortalece.

Porque ahora podemos hacer una comparación seria.

5. Kahut: el estupor como eje demonológico

Dentro del marco construido en esta obra, Kahut representa el fenómeno espiritual de mantener dormida la capacidad de respuesta.

Su influencia conceptual se manifiesta mediante:

  • apatía;
  • indiferencia;
  • inmovilidad;
  • estancamiento;
  • pérdida de iniciativa;
  • frialdad;
  • inoperancia;
  • pérdida de discernimiento;
  • dependencia de modelos;
  • imitación.

Su objetivo, dentro de nuestra narrativa, no sería simplemente hacer dormir físicamente a una persona.

Sería producir una condición donde la persona:

Ve, pero no responde;

Escucha, pero no actúa;

Conoce, pero no aplica;

Quiere, pero posterga;

Observa, pero no discierne;

Recuerda, pero no avanza.

Ese es Kahut dentro de nuestra construcción.

6. Romanos 11:8: El argumento de Pablo

El “espíritu de estupor” de Romanos 11:8 tiene otra función dentro del texto.

Pablo está explicando una realidad relacionada con la incredulidad de una parte de Israel.

No está describiendo una entidad demoníaca llamada Kahut.

Su propósito es explicar, utilizando lenguaje tomado de las Escrituras, la condición de insensibilidad espiritual que se había manifestado.

Esto es muy importante.

Porque si no hacemos esta distinción, podemos terminar atribuyendo a Pablo una enseñanza que él nunca formuló.

Y un libro sobre guerra espiritual debe ser especialmente cuidadoso con esto.

No podemos utilizar la Biblia para afirmar cosas que la Biblia no afirma.

7. ¿Significa esto que no existe relación alguna?

No necesariamente.

Existe unasemejanza temática.

Ambos conceptos están relacionados con una condición de insensibilidad.

Ambos pueden ser utilizados para describir una realidad en la que la percepción espiritual se encuentra afectada.

Ambos nos llevan a pensar en una persona que no responde adecuadamente a aquello que debería reconocer.

Pero semejanza no significa identidad.

Podemos decir:

“Existe una relación temática entre ambos conceptos.”

Pero no debemos decir:

“Romanos 11:8 demuestra que Kahut es el espíritu mencionado por Pablo.”

La primera afirmación puede sostenerse como comparación.

La segunda va más allá de lo que permite el texto.

8. Una diferencia todavía más profunda

Existe además una diferencia teológica importante. En el modelo de Kahut desarrollado en este libro, estamos hablando de una figura demonológica.

Pero en Romanos 11:8, el lenguaje de Pablo se encuentra dentro de una afirmación acerca delacto soberano de Diosy del estado espiritual de aquellos que no perciben.

Por eso debemos prestar atención a la frase.

Pablo habla de un espíritu de estuporen el contexto de la acción de Dios.

Esto puede resultar desconcertante.

¿Por qué?

Porque estamos acostumbrados a pensar:

“Si algo produce ceguera espiritual, entonces necesariamente debe ser demoníaco.”

Pero el lenguaje bíblico no siempre funciona de esa manera. La Biblia puede describir determinadas condiciones como resultado del juicio, la soberanía o la acción de Dios. Esto es precisamente lo que hace que Romanos 11:8 sea tan importante.

9. El Dios que juzga

La Escritura presenta a Dios no solamente como Salvador, sino también como Juez.

Eso significa que existe una dimensión de juicio en la que Dios puede entregar a las personas a las consecuencias de su rebelión y endurecimiento.

Este concepto aparece repetidamente en las Escrituras.

Por eso Romanos 11:8 debe leerse con seriedad.

Pablo no está presentando a Dios como autor del mal moral.

Está explicando una condición judicial dentro de la historia de Israel.

El texto nos recuerda algo incómodo:

La insensibilidad espiritual también puede formar parte del juicio de Dios.

Esto es muy diferente de decir que Dios produce pecado en una persona.

La cuestión es más profunda.

10. El peligro de rechazar repetidamente la luz

Una persona puede escuchar una verdad y rechazarla.

Puede escucharla nuevamente y rechazarla.

Puede volver a escucharla y endurecerse.

Con el tiempo, la capacidad de responder puede disminuir. El corazón puede volverse insensible. La conciencia puede acostumbrarse.

Lo que antes producía convicción deja de producirla.

Lo que antes provocaba arrepentimiento deja de hacerlo.

Lo que antes parecía grave comienza a parecer normal.

Esta realidad debería producir temor reverente.

Porque existe una diferencia entre:

“No entiendo todavía”

y

“No quiero entender.”

La primera puede ser ignorancia.

La segunda puede ser endurecimiento.

11. Kahut y Romanos 11:8: la comparación

Podemos ahora colocar ambos conceptos frente a frente.

Kahut, dentro de este libro

Romanos 11:8

Figura demonológica propuesta en esta obra

Expresión utilizada por Pablo

Asociado con el estupor espiritual

Relacionado con insensibilidad espiritual

Enfocado en apatía y estancamiento

Forma parte del argumento sobre Israel

Relacionado con la inmovilidad

Relacionado con falta de percepción

Conectado aquí con los Mejkim

No menciona a los Mejkim

Presentado como enemigo espiritual

Presentado dentro del contexto de la soberanía y juicio de Dios

No aparece nombrado en la Biblia

Aparece en el texto bíblico

Concepto desarrollado para esta obra

Concepto que debemos interpretar desde su contexto bíblico

Esta tabla nos permite ver algo importante:

No son conceptos intercambiables.

12. Convertir una comparación en doctrina

Uno de los errores más comunes al estudiar temas espirituales consiste en tomar una comparación interesante y convertirla inmediatamente en doctrina.

Por ejemplo:

“Ambos hablan de estupor.”

Entonces:

“Son lo mismo.”

Pero el razonamiento no es suficiente.

Dos cosas pueden compartir una característica sin ser idénticas.

Una persona puede tener fiebre.

Otra persona puede tener fiebre.

Eso no significa que tengan la misma enfermedad.

De la misma manera:

Kahut y el “espíritu de estupor” comparten una idea de insensibilidad.

Pero eso no demuestra que sean la misma realidad.

13. Entonces, ¿qué hacemos con Kahut?

Podríamos preguntarnos:

“Si Kahut no aparece en la Biblia, ¿por qué hablar de él?”

La respuesta es sencilla.

Porque este libro no pretende presentar a Kahut como una doctrina bíblica demostrada.

Lo estamos utilizando comofigura central de una obra espiritual y narrativasobre el fenómeno del estupor.

La intención es explorar una pregunta:

¿Cómo puede una comunidad llegar a estar espiritualmente dormida, apática, fría y estancada?

Kahut funciona dentro de esa obra como representación de ese fenómeno.

Pero el lector debe saber dónde termina la afirmación bíblica y dónde comienza nuestra construcción conceptual.

Esa honestidad es necesaria.

14. Kahut y los Mejkim

Ahora podemos comprender también mejor la relación entre Kahut y los Mejkim.

Kahut representa el estupor.

Los Mejkim representan la imitación.

El primero apaga.

Los segundos reproducen.

El primero reduce la iniciativa.

Los segundos sustituyen la iniciativa por modelos.

El primero produce inmovilidad.

Los segundos producen una especie de movimiento sin identidad.

Y esto genera una paradoja:

Una persona puede estar dormida y, al mismo tiempo, estar ocupada imitando.

Puede estar haciendo muchas cosas.

Puede estar siguiendo métodos.

Puede estar repitiendo palabras.

Puede estar participando en actividades.

Pero no necesariamente está avanzando.

Ese es uno de los peligros más sutiles de nuestro tema.

15. La Iglesia puede estar activa y dormida

Quizá esta sea una de las declaraciones más fuertes de este libro:

Actividad no siempre significa vida.

Una Iglesia puede tener reuniones todos los días y estar espiritualmente estancada.

Puede tener muchas actividades y poca transformación.

Puede tener muchos programas y poca oración.

Puede tener mucha publicidad y poca evangelización.

Puede tener muchos mensajes y poco discipulado.

Puede tener muchos seguidores y pocos discípulos.

Por eso no debemos medir el despertar únicamente por la cantidad de movimiento.

Debemos preguntar:

¿Existe transformación?

16. La diferencia entre movimiento y avance

Moverse no siempre significa avanzar.

Una persona puede caminar en círculos durante horas.

Ha habido movimiento.

Pero no hubo avance.

Una congregación puede cambiar constantemente de programas.

Puede cambiar métodos.

Puede cambiar diseños.

Puede cambiar estructuras.

Puede cambiar nombres.

Puede cambiar horarios.

Pero si nunca cumple mejor su misión, solamente está dando vueltas.

El imitador produce movimiento.

El discernimiento produce dirección.

Y la dirección es necesaria para avanzar.

17. El verdadero despertar

Ahora podemos regresar al concepto central.

¿Qué significa realmente despertar?

No significa solamente dejar de estar cansado.

Significa recuperar percepción.

Recuperar sensibilidad.

Recuperar voluntad.

Recuperar discernimiento.

Recuperar iniciativa.

Recuperar propósito.

Recuperar capacidad de responder.

Por eso el despertar es mucho más profundo que una emoción.

Es una transformación de la manera de vivir.

18. Una advertencia necesaria

Debemos tener mucho cuidado con atribuirle a un demonio aquello que puede tener causas humanas, sociales, psicológicas o incluso institucionales.

Una Iglesia puede estar estancada porque sus líderes no forman nuevos líderes.

Puede estar fría porque ha perdido una cultura de oración.

Puede estar inoperante porque nadie organiza adecuadamente el trabajo.

Puede estar apática porque existe agotamiento.

Puede estar dividida porque existen conflictos no resueltos.

No todo debe atribuirse a Kahut.

La madurez espiritual consiste precisamente en discernir.

Y si este libro pretende hablar de discernimiento, debe aplicarse primero a sí mismo.

19. El verdadero desafío

Quizá después de leer este libro alguien quiera encontrar a Kahut.

Pero esa no debería ser la prioridad.

La pregunta más importante no es:

“¿Dónde está Kahut?”

La pregunta es:

“¿Dónde estoy yo?”

¿Estoy despierto?

¿Estoy avanzando?

¿Estoy discerniendo?

¿Estoy viviendo una fe propia o una fe prestada?

¿Estoy siguiendo a Cristo o simplemente siguiendo modelos?

¿Estoy utilizando mis dones?

¿Estoy cumpliendo mi responsabilidad?

¿Estoy esperando eternamente?

¿Estoy espiritualmente vivo?

Estas preguntas son mucho más importantes que conocer un nombre.

20. El estupor que debemos temer

Si existe una conclusión que podemos extraer de Romanos 11:8, es que la insensibilidad espiritual es algo serio.

No debemos jugar con ella.

No debemos acostumbrarnos a no escuchar.

No debemos acostumbrarnos a no responder.

No debemos acostumbrarnos a rechazar continuamente aquello que sabemos que es verdadero.

Porque el corazón puede endurecerse.

Y una persona que pierde sensibilidad puede llegar a un punto donde ya ni siquiera percibe que está lejos.

Ese es un peligro mucho mayor que simplemente estar cansado.

21. Kahut como advertencia

Dentro de la narrativa de este libro, Kahut puede cumplir una función simbólica.

Puede convertirse en una advertencia.

Cada vez que encontramos apatía permanente.

Cada vez que encontramos estancamiento.

Cada vez que encontramos indiferencia.

Cada vez que encontramos una comunidad que ha perdido el deseo de avanzar.

Podemos preguntarnos:

“¿Estamos entrando nuevamente en el territorio del estupor?”

No necesariamente porque haya un demonio detrás de cada situación.

Sino porque el fenómeno descrito por Kahut nos recuerda lo peligroso que es permanecer dormidos.

22. La Iglesia que despierta

Imaginemos ahora el contraste.

Una Iglesia que vuelve a estudiar.

Una Iglesia que vuelve a orar.

Una Iglesia que vuelve a evangelizar.

Una Iglesia que vuelve a formar discípulos.

Una Iglesia que vuelve a desarrollar sus dones.

Una Iglesia que deja de copiar y comienza a discernir.

Una Iglesia que deja de vivir de su pasado y comienza a mirar su misión.

Una Iglesia que no solamente se reúne, sino que sirve.

Una Iglesia que no solamente escucha, sino que obedece.

Una Iglesia que no solamente habla de Cristo, sino que vive para Él.

Esa Iglesia ya no está simplemente despierta.

Está caminando.

23. El verdadero enemigo de los Mejkim

Si los Mejkim representan la imitación, entonces su opuesto no es simplemente la originalidad.

Es el discernimiento.

Porque no necesitamos ser diferentes solamente por ser diferentes.

Necesitamos ser capaces de distinguir.

Podemos aprender de otros.

Podemos imitar aquello que es verdaderamente bueno.

Podemos seguir ejemplos correctos.

Pero debemos hacerlo conscientemente.

El problema no es aprender de otros.

El problema es dejar de pensar.

24. El verdadero enemigo de Kahut

Y si Kahut representa el estupor, su opuesto tampoco es simplemente actividad.

Esvida consciente.

Es sensibilidad.

Es discernimiento.

Es voluntad.

Es obediencia.

Es propósito.

Es movimiento con dirección.

Por eso el despertar no consiste simplemente en hacer más.

Consiste en volver a vivir con conciencia.

25. La última comparación

Podemos resumir toda nuestra obra en cuatro frases:

Kahut representa el peligro de dormir.

Los Mejkim representan el peligro de copiar mientras se duerme.

Romanos 11:8 nos recuerda que el estupor espiritual también aparece en un contexto bíblico de juicio y endurecimiento.

Y el discernimiento nos obliga a no confundir estos conceptos.

Esta última frase es fundamental.

Porque una obra espiritual responsable no necesita exagerar.

No necesita inventar evidencia.

No necesita convertir cada símbolo en una doctrina.

Puede decir:

“Esto es lo que la Biblia afirma.”

Y también:

“Esto es lo que estamos proponiendo como marco conceptual para esta obra.”

Esa diferencia no debilita el libro.

Le da credibilidad.

26. El último llamado

Quizá después de todo lo que hemos estudiado, la pregunta final no debería ser acerca de Kahut.

Quizá debería ser acerca de nosotros.

¿Estamos despiertos?

Si lo estamos, debemos permanecer vigilantes.

Si estamos cansados, debemos recuperar fuerzas.

Si estamos estancados, debemos comenzar a caminar.

Si estamos imitando, debemos volver a discernir.

Si estamos fríos, debemos buscar nuevamente el fuego.

Si hemos perdido la visión, debemos volver a preguntar cuál es nuestra misión.

Si hemos estado dormidos durante años, debemos abrir los ojos.

Y si hemos descubierto que hemos construido una vida alrededor de nuestro propio sueño, debemos tener el valor de levantarnos.

Porque el peor resultado de estudiar el estupor sería terminar sabiendo mucho sobre él y continuar dormidos.

27. El amanecer

Toda noche tiene un límite.

La oscuridad puede parecer interminable.

Pero llega el momento en que aparece una pequeña línea de luz.

Al principio apenas se distingue.

Después el horizonte comienza a cambiar.

Las sombras pierden fuerza.

Los objetos comienzan a verse.

La noche retrocede.

Y finalmente llega el día.

Tal vez ese sea el mejor símbolo para terminar nuestra obra.

No necesitamos esperar a sentirnos completamente preparados.

No necesitamos tener todas las respuestas.

No necesitamos comprender todos los misterios.

Necesitamos comenzar a caminar hacia la luz.

Porque el objetivo final de este libro nunca fue enseñarnos a tener miedo de Kahut.

Fue enseñarnos areconocer el estupor y rechazar el estancamiento.

28. La diferencia entre conocer y despertar

Podemos conocer el nombre de un problema y continuar teniéndolo.

Podemos estudiar el estupor y continuar dormidos.

Podemos hablar de discernimiento y continuar imitando.

Podemos hablar de crecimiento y continuar estancados.

Podemos hablar de evangelismo y continuar sin evangelizar.

Podemos hablar de oración y continuar sin orar.

El conocimiento solamente se convierte en transformación cuando produce respuesta. Por eso el libro termina donde realmente debe comenzar:Con una decisión.

La decisión de despertar.

La decisión de discernir.

La decisión de dejar de vivir una fe prestada.

La decisión de dejar de imitar sin comprender.

La decisión de abandonar la resignación.

La decisión de avanzar.

29. Una última palabra sobre Romanos 11:8

Debemos conservar en nuestra memoria una última distinción. El “espíritu de estupor” de Romanos 11:8 pertenece al argumento bíblico de Pablo y debe interpretarse dentro de ese contexto.

No debemos identificarlo automáticamente con Kahut.

No debemos convertir a Kahut en una entidad bíblicamente demostrada simplemente porque ambos conceptos utilizan la palabra “estupor”.

La Biblia merece que la tratemos con precisión. Y precisamente por eso podemos hacer la comparación sin confundirlos.

Romanos 11:8 nos advierte de la gravedad de la insensibilidad espiritual.

Kahut, dentro de la construcción de este libro, nos sirve como una figura para explorar cómo esa condición puede ser representada en términos de guerra espiritual: sueño, apatía, estancamiento, frialdad e inoperancia.

Pero la advertencia permanece:

No debemos acostumbrarnos a estar dormidos.

30. Y ahora, levántate

Quizá el lector llegó hasta aquí buscando conocer un demonio.

Pero puede terminar encontrando algo mucho más importante:

Una pregunta dirigida a su propia vida.

¿Dónde estás?

¿Estás avanzando?

¿Estás despierto?

¿Estás discerniendo?

¿Estás viviendo?

¿Estás cumpliendo aquello que sabes que debes cumplir?

Si la respuesta es sí, continúa.

Si la respuesta es no, no te quedes acostado.

Si descubriste que estás dormido, abre los ojos.

Si descubriste que estás estancado, comienza a caminar.

Si descubriste que estás imitando, vuelve a discernir.

Si descubriste que has perdido pasión, vuelve a buscar.

Porque el propósito de reconocer el estupor no es permanecer contemplándolo.

Essalir de él.

Y quizá esa sea la verdadera derrota de Kahut:

no que sepamos pronunciar su nombre,

sino que aquellos que estaban dormidos...

Se levanten.

Final de nuestro recorrido.

Comenzamos con una pregunta acerca del estupor.

Conocimos, dentro del marco conceptual de esta obra, aKahut, presentado como una figura asociada con el espíritu de estupor: aquello que mantiene a la Iglesia dormida, apática, fría, estancada e inoperante.

Después conocimos a losMejkim, los “Imitadores”, como representación del peligro que aparece cuando el discernimiento se debilita y la persona comienza a reproducir aquello que ve en otros sin comprender necesariamente su propósito.

Y a través de los capítulos descubrimos algo mucho más profundo.

El verdadero problema no consiste únicamente en estar dormido.

El verdadero problema aparece cuandonos acostumbramos a estar dormidos.

1. Kahut y la Iglesia dormida

Dentro de la narrativa espiritual de este libro, Kahut representa una condición que no debe ser tomada a la ligera.

Una Iglesia puede tener un edificio y estar dormida.

Puede tener reuniones y estar dormida.

Puede tener predicadores y estar dormida.

Puede tener músicos y estar dormida.

Puede tener programas y estar dormida.

Puede tener actividad y estar dormida.

Porque la actividad externa no necesariamente significa vida interna.

Una Iglesia puede moverse mucho y avanzar poco.

Puede hablar mucho y transformar poco.

Puede reunirse mucho y evangelizar poco.

Puede conocer mucho y obedecer poco.

Por eso el estupor es tan peligroso.

No siempre destruye.

A veces simplementedetiene.

Y una Iglesia detenida durante suficiente tiempo puede terminar confundiendo su inmovilidad con estabilidad.

2. El peligro de la apatía

La apatía es una de las expresiones más silenciosas del problema.

No siempre grita.

No siempre provoca conflictos.

No siempre produce escándalos.

Simplemente hace que las personas dejen de preocuparse.

Ya no importa demasiado si el ministerio crece.

Ya no importa demasiado si alguien necesita ayuda.

Ya no importa demasiado si se evangeliza.

Ya no importa demasiado si los dones están siendo utilizados.

Ya no importa demasiado si una generación está siendo formada.

La persona apática no necesariamente dice:

“No quiero a Dios.”

Muchas veces simplemente deja de responder.

Y esa ausencia de respuesta puede convertirse en una forma de sueño.

3. El estancamiento

El estancamiento puede ser todavía más peligroso porque puede pasar desapercibido.

Una persona puede permanecer en el mismo lugar durante años y llegar a creer que está avanzando simplemente porque el tiempo está pasando.

Pero el tiempo no es lo mismo que crecimiento.

Diez años de experiencia no necesariamente significan diez años de madurez.

Una congregación puede tener veinte años de existencia y continuar enfrentando exactamente los mismos problemas que enfrentaba en su primer año.

La pregunta no debería ser solamente:

“¿Cuánto tiempo llevamos?”

Sino:

“¿Cuánto hemos crecido?”

4. Los Mejkim

Los Mejkim representan otra dimensión del problema.

Cuando una persona pierde discernimiento, puede comenzar a depender de modelos externos.

Entonces aparece la imitación.

Imitamos palabras.

Imitamos métodos.

Imitamos estructuras.

Imitamos estilos.

Imitamos estrategias.

Imitamos incluso expresiones espirituales.

Pero una copia puede parecerse mucho al original y continuar siendo una copia.

La Iglesia no fue llamada a convertirse en una colección de imitaciones.

Fue llamada a seguir a Cristo.

Podemos aprender de otros.

Podemos admirar a otros.

Podemos recibir consejo.

Podemos estudiar experiencias ajenas.

Pero debemos conservar nuestra capacidad de discernir.

Porque una Iglesia que deja de discernir puede pasar de una dependencia a otra.

5. El problema no es aprender de otros

Debemos repetir esta verdad porque es fundamental:

Imitar no siempre es malo.

Aprendemos observando.

Los discípulos aprendieron de sus maestros.

Los hijos aprenden de sus padres.

Los nuevos creyentes aprenden de creyentes maduros.

La Iglesia aprende de la experiencia de generaciones anteriores.

El problema aparece cuando dejamos de aprender y comenzamos simplemente a copiar.

Aprender pregunta:

“¿Qué principio puedo aplicar?”

Copiar pregunta:

“¿Cómo puedo hacer exactamente lo mismo?”

Aprender desarrolla madurez.

Copiar desarrolla dependencia.

6. El gran enemigo: perder el discernimiento

Después de todo lo que hemos estudiado, quizá podamos comprender que el centro de nuestra obra no es realmente el demonio.

Es eldiscernimiento.

Porque sin discernimiento:

La imitación parece aprendizaje;

La comodidad parece paz;

La apatía parece tranquilidad;

El estancamiento parece estabilidad;

El miedo parece prudencia;

La tradición parece verdad;

La actividad parece fruto;

Y el sueño puede parecer normalidad.

Por eso recuperar el discernimiento es una de las formas más importantes de romper el ciclo.

7. Romanos 11:8

Al llegar al final debemos recordar brevemente el otro concepto que estudiamos.

Romanos 11:8 habla de un“espíritu de estupor”dentro del argumento de Pablo acerca de Israel.

Como vimos en el capítulo seis, no debemos identificar automáticamente ese espíritu con Kahut.

La coincidencia en el concepto de “estupor” no demuestra que se trate de la misma entidad o realidad.

El texto de Pablo debe permanecer dentro de su contexto.

Su referencia está relacionada con la insensibilidad espiritual y con la explicación que el apóstol está desarrollando respecto de Israel.

Por eso Romanos 11:8 nos ofrece una advertencia bíblica acerca de la gravedad de la insensibilidad espiritual, pero no constituye una prueba bíblica de la existencia de Kahut.

Esta distinción debe permanecer clara.

8. Pero nuestro tema principal sigue siendo Kahut

Y ahora podemos regresar al centro de esta obra.

Kahut.

Dentro de la construcción espiritual de este libro, Kahut representa el estupor que busca mantener a la Iglesia dormida.

Dormida ante su llamado.

Dormida ante su responsabilidad.

Dormida ante las necesidades de su comunidad.

Dormida ante los dones que Dios ha colocado en sus miembros.

Dormida ante la necesidad de evangelizar.

Dormida ante la necesidad de formar discípulos.

Dormida ante la necesidad de avanzar.

Una Iglesia dormida puede conservar muchas cosas.

Puede conservar su nombre.

Puede conservar su estructura.

Puede conservar sus tradiciones.

Puede conservar sus edificios.

Pero puede perder algo mucho más importante:

Su capacidad de responder.

9. El despertar comienza con una decisión

El despertar no comienza necesariamente con algo espectacular.

Puede comenzar con una persona que diga:

“Ya no quiero permanecer así.”

Esa frase puede ser el comienzo.

Después viene otra:

“Quiero volver a buscar a Dios.”

Después:

“Quiero volver a estudiar.”

Después:

“Quiero volver a servir.”

Después:

“Quiero volver a evangelizar.”

Después:

“Quiero volver a avanzar.”

El despertar puede comenzar silenciosamente.

Pero una decisión sincera puede producir movimiento.

10. La Iglesia que vuelve a caminar

Imaginemos una Iglesia que despierta.

No una Iglesia perfecta.

No una Iglesia sin problemas.

No una Iglesia que nunca se equivoca.

Sino una Iglesia viva.

Una Iglesia que reconoce sus errores.

Que aprende.

Que corrige.

Que ora.

Que estudia.

Que discierne.

Que sirve.

Que evangeliza.

Que forma.

Que envía.

Que restaura.

Que vuelve a intentarlo.

Una Iglesia así no necesita vivir imitando constantemente a otras.

Puede aprender de ellas sin perder su identidad.

Puede recibir consejo sin perder su discernimiento.

Puede cambiar sin perder sus fundamentos.

Puede crecer sin abandonar su esencia.

11. La derrota del estupor

Si queremos utilizar el lenguaje de esta obra hasta el final, podemos decirlo de una manera sencilla:

Kahut pierde cuando la Iglesia despierta.

Pierde cuando la apatía es reemplazada por pasión.

Pierde cuando la indiferencia es reemplazada por compasión.

Pierde cuando el estancamiento es reemplazado por movimiento.

Pierde cuando la imitación es reemplazada por discernimiento.

Pierde cuando la resignación es reemplazada por esperanza.

Pierde cuando el miedo es reemplazado por obediencia.

Pierde cuando una generación decide levantarse.

No porque hayamos descubierto una fórmula secreta.

No porque conozcamos un nombre demoníaco.

Sino porque dejamos de aceptar la condición que nos mantenía inmóviles.

12. No vivas dormido

Quizá este libro pueda resumirse en una sola exhortación:

No vivas dormido.

No permitas que la costumbre destruya tu sensibilidad.

No permitas que la comodidad destruya tu iniciativa.

No permitas que el miedo destruya tu llamado.

No permitas que la imitación destruya tu identidad.

No permitas que el fracaso destruya tu esperanza.

No permitas que el pasado destruya tu futuro.

Y no permitas que el estancamiento se convierta en tu definición.

13. Levántate

Hay un momento en el que estudiar deja de ser suficiente.

Hay que levantarse.

La persona que ha leído sobre el sueño debe despertar.

La persona que ha estudiado el estancamiento debe comenzar a caminar.

La persona que ha reconocido la imitación debe comenzar a discernir.

La persona que ha reconocido la apatía debe comenzar a responder.

La Iglesia que ha descubierto su condición debe decidir qué hará con ella.

Porque saber no es suficiente.

Hay que responder.

14. El último mensaje

Si este libro llega a las manos de un pastor, mi deseo es que no solamente encuentre un estudio sobre un espíritu llamado Kahut.

Que se pregunte:

“¿Está mi congregación despierta?”

Si llega a las manos de un líder, que pregunte:

“¿Estoy formando personas que piensan y disciernen, o personas que simplemente me imitan?”

Si llega a las manos de un creyente, que pregunte:

“¿Estoy viviendo mi propia responsabilidad delante de Dios o solamente siguiendo lo que otros hacen?”

Y si llega a las manos de alguien que lleva años sintiéndose estancado, que pueda escuchar una frase sencilla:

Todavía puedes levantarte.

15. El amanecer

La noche puede haber sido larga.

Puede haber habido años de apatía.

Años de estancamiento.

Años de frustración.

Años de imitación.

Años de silencio.

Pero una noche larga no significa que el amanecer haya sido cancelado.

La luz puede comenzar con una pequeña línea en el horizonte.

Después crecer.

Después llenar el cielo.

Y finalmente iluminar todo aquello que durante la noche no podíamos ver.

Quizá la Iglesia también necesita ese amanecer.

No un espectáculo.

No una moda.

No una copia.

No una emoción pasajera.

Sino un despertar verdadero.

Un despertar que produzca discernimiento.

Un despertar que produzca obediencia.

Un despertar que produzca servicio.

Un despertar que produzca evangelismo.

Un despertar que produzca transformación.

¿Qué sucede después de despertar?

La respuesta es sencilla:

Se comienza a caminar.

Porque despertar no es el destino.

Es el comienzo.

Después de abrir los ojos hay que levantarse.

Después de levantarse hay que caminar.

Después de caminar hay que perseverar.

Y después de perseverar hay que ayudar a otros a encontrar el camino.

Quizá ese sea el verdadero desafío para la Iglesia de nuestro tiempo.

No solamente despertar.

Permanecer despierta.

Porque una persona puede tener un momento de gran emoción y después volver a dormir.

Una congregación puede experimentar un período de entusiasmo y después regresar a la apatía.

Por eso el verdadero despertar no debe medirse solamente por lo intenso que fue el comienzo.

Debe medirse por el fruto que permanece.

UNA ÚLTIMA FRASE

Kahut, dentro de la propuesta de este libro, representa el estupor.

Los Mejkim representan la imitación.

Romanos 11:8 nos recuerda que la Escritura también habla de un “espíritu de estupor”, pero dentro de un contexto bíblico específico que no debemos confundir con nuestra construcción demonológica.

Y nosotros quedamos frente a una decisión.

Podemos continuar dormidos.

Podemos continuar copiando.

Podemos continuar justificando.

Podemos continuar esperando.

O podemos abrir los ojos.

Podemos levantarnos.

Podemos discernir.

Podemos avanzar.

Porque una Iglesia que despierta deja de ser espectadora de su propia historia.

Se convierte en protagonista de su misión.

Hemos llegado al final de este recorrido.

Durante estas páginas hemos hablado deKahut, presentado dentro de este libro como una figura espiritual relacionada con el estupor, el sueño, la apatía, el estancamiento y la inoperancia espiritual.

Hemos hablado también de losMejkim, “los Imitadores”, como aquellos que reproducen lo que ven sin detenerse a discernir, analizar o comprender.

Pero después de todo lo estudiado, debemos reconocer que el propósito de este libro no ha sido simplemente identificar un nombre.

El propósito ha sidoreconocer una condición.

Una condición que puede afectar a una persona.

A una familia.

A un ministerio.

Y también a una Iglesia completa.

UNA IGLESIA DORMIDA

Una Iglesia dormida no necesariamente parece una Iglesia muerta.

Puede seguir reuniéndose.

Puede seguir cantando.

Puede seguir predicando.

Puede seguir celebrando cultos.

Puede seguir teniendo actividades.

Puede seguir publicando en redes sociales.

Puede seguir llenando calendarios.

Pero en su interior puede haber perdido algo fundamental:

el deseo de avanzar.

Ese es uno de los aspectos más peligrosos del estupor.

No siempre destruye las estructuras.

A veces permite que las estructuras continúen funcionando mientras la vida espiritual disminuye lentamente.

La Iglesia puede continuar haciendo lo mismo durante años.

Puede acostumbrarse.

Puede conformarse.

Puede dejar de esperar algo nuevo de Dios.

Puede dejar de buscar.

Puede dejar de intentar.

Puede dejar de evangelizar.

Puede dejar de formar nuevos obreros.

Y finalmente puede llegar a considerar normal aquello que originalmente nunca debió ser normal.

KAHUT COMO ADVERTENCIA

Dentro del marco espiritual desarrollado en este libro, Kahut representa precisamente esa amenaza.

El peligro de una Iglesia que permanece dormida.

Una Iglesia que pierde su sensibilidad.

Una Iglesia que deja de reaccionar.

Una Iglesia que pierde iniciativa.

Una Iglesia que se vuelve fría.

Una Iglesia que permanece esclavizada a sus propios hábitos.

Una Iglesia que sabe que debe avanzar, pero continúa diciendo:

“Mañana.”

Y el mañana se convierte en otro mañana.

Y después en otro.

Hasta que pasan los años.

Por eso el estupor es peligroso.

Porque no siempre dice:

“Abandona a Dios.”

A veces solamente susurra:

“Después.”

LOS IMITADORES

Después aparece el segundo peligro.

Cuando una Iglesia pierde la capacidad de discernir, puede comenzar a buscar modelos que copiar.

Entonces aparecen los Mejkim.

No necesariamente como una multitud visible.

Sino como una actitud.

La actitud de pensar:

“Si ellos lo hacen, nosotros también.”

“Si aquello funciona allá, funcionará aquí.”

“Si aquella iglesia creció de esa manera, nosotros debemos hacer exactamente lo mismo.”

“Si aquel predicador habla así, debemos hablar igual.”

“Si aquel ministerio tiene ese estilo, debemos copiarlo.”

Pero la Iglesia no fue llamada a convertirse en una copia.

Fue llamada a cumplir una misión.

Podemos aprender de otros.

Podemos recibir consejo.

Podemos estudiar experiencias.

Pero nunca debemos sustituir el discernimiento por la imitación.

EL VERDADERO DESPERTAR

Despertar no significa simplemente comenzar a hacer más actividades. Significa volver a tener sensibilidad.

Volver a tener hambre espiritual.

Volver a tener pasión.

Volver a tener visión.

Volver a tener iniciativa.

Volver a tener discernimiento.

Volver a tener deseo de servir.

Volver a tener compasión por las personas.

Volver a sentir responsabilidad por la misión que Dios nos ha encomendado.

El despertar verdadero comienza cuando dejamos de preguntarnos:

“¿Qué están haciendo los demás?”

y comenzamos a preguntar:

“¿Qué quiere Dios que hagamos nosotros?”

ROMANOS 11:8

Y antes de terminar, debemos recordar brevemente el texto que estudiamos en el capítulo seis.

Romanos 11:8 habla de un“espíritu de estupor”dentro del argumento de Pablo respecto a Israel.

Ese texto debe permanecer dentro de su contexto bíblico.

No podemos afirmar que Pablo estuviera hablando específicamente de Kahut.

Tampoco debemos convertir la expresión de Romanos 11:8 en una prueba de la existencia de un demonio llamado Kahut.

Son conceptos que hemos comparado porque comparten la idea delestupor y la insensibilidad, pero no debemos confundirlos.

El texto de Romanos nos recuerda la seriedad de la insensibilidad espiritual y del endurecimiento.

Y precisamente por eso resulta tan apropiado como punto de comparación para nuestro estudio.

EL CENTRO DE ESTA OBRA

Nuestro enfoque principal ha sido otro.

Hemos utilizado a Kahut como figura central para representar una realidad espiritual que debemos aprender a reconocer:

El peligro de una Iglesia dormida.

Una Iglesia que ya no avanza.

Una Iglesia que ya no responde.

Una Iglesia que ya no siente.

Una Iglesia que ya no discierne.

Una Iglesia que solamente repite.

Una Iglesia que permanece en el mismo lugar mientras el mundo que la rodea continúa cambiando.

Y ese es el mensaje que debemos llevarnos.

No podemos permitir que el sueño se convierta en nuestra identidad.

NO TODO ES UN DEMONIO

También debemos conservar una enseñanza importante.

No todo problema espiritual debe atribuirse automáticamente a un demonio.

Existen decisiones humanas.

Existe negligencia.

Existe falta de disciplina.

Existe cansancio.

Existe falta de preparación.

Existe mala administración.

Existe pecado.

Existe desobediencia.

Existe falta de visión.

Por eso el discernimiento es indispensable.

Si culpamos de todo a un espíritu, podemos evitar nuestra propia responsabilidad.

Y una Iglesia que verdaderamente quiere despertar debe tener el valor de decir:

“También nosotros debemos cambiar.”

LA RESPONSABILIDAD DE LA IGLESIA

Si una congregación está estancada, debe preguntarse:

¿Qué hemos dejado de hacer?

¿Qué hemos permitido?

¿Qué hemos descuidado?

¿Qué hemos convertido en rutina?

¿Qué hemos dejado de enseñar?

¿Dónde está nuestra pasión?

¿Dónde está nuestra visión?

¿Dónde está nuestro evangelismo?

¿Dónde están nuestros discípulos?

¿Dónde están nuestros nuevos líderes?

¿Dónde está nuestro compromiso?

Estas preguntas pueden resultar incómodas.

Pero algunas preguntas incómodas pueden producir cambios necesarios.

EL DÍA EN QUE NOS LEVANTEMOS

Imagino una Iglesia que despierta.

Una Iglesia que vuelve a orar.

Una Iglesia que vuelve a estudiar la Palabra.

Una Iglesia que vuelve a evangelizar.

Una Iglesia que vuelve a formar discípulos.

Una Iglesia que vuelve a enviar misioneros.

Una Iglesia que vuelve a utilizar los dones que Dios puso en sus miembros.

Una Iglesia que deja de competir.

Una Iglesia que deja de copiar.

Una Iglesia que comienza a discernir.

Una Iglesia que vuelve a caminar.

Ese día, la Iglesia dejará de ser simplemente una congregación que se reúne.

Se convertirá nuevamente en una comunidad quecumple una misión.

LEVÁNTATE

Tal vez después de leer este libro alguien pueda reconocer algo de sí mismo.

Tal vez ha estado cansado.

Tal vez ha perdido la pasión.

Tal vez lleva años haciendo lo mismo.

Tal vez ha dejado de soñar.

Tal vez ha dejado de servir.

Tal vez ha dejado de evangelizar.

Tal vez simplemente se acostumbró.

Si ese es el caso, este libro no termina con condenación.

Termina con una invitación:

Despierta.

Todavía puedes levantarte.

Todavía puedes comenzar.

Todavía puedes volver a buscar.

Todavía puedes volver a servir.

Todavía puedes volver a caminar.

Todavía puedes volver a avanzar.

EL ÚLTIMO MENSAJE

Kahut, dentro de la propuesta de esta obra, representa el estupor.

Representa la voz que dice:

“Quédate ahí.”

“No avances.”

“No intentes.”

“No cambies.”

“Déjalo para después.”

“Así estás bien.”

Pero existe otra voz que nos llama a levantarnos.

Una voz que nos recuerda que fuimos llamados a vivir con propósito.

A servir.

A amar.

A evangelizar.

A enseñar.

A discipular.

A caminar.

A avanzar.

Por eso, al cerrar este libro, no quiero que el lector se quede pensando solamente en Kahut.

Quiero que se mire a sí mismo.

Y se haga una pregunta:

¿Estoy despierto?

Si la respuesta es sí, permanece vigilante.

Si la respuesta es no, despierta.

Si estás estancado, comienza a caminar.

Si estás imitando, comienza a discernir.

Si estás frío, vuelve a buscar.

Si estás cansado, busca fuerzas.

Si has perdido la visión, vuelve a recordar tu llamado.

Porque el propósito de reconocer el estupor no es aprender a vivir con él.

Essalir de él.

Y quizá esa sea la verdadera derrota de Kahut:

no simplemente que sepamos quién es,

sino que aquellos que estuvieron dormidos durante mucho tiempo...

finalmente abran los ojos.

Se levanten.

Y comiencen a caminar.

ORACIÓN FINAL DE PROTECCIÓN

Padre celestial, Dios Todopoderoso,

al terminar la lectura de este libro, nos presentamos nuevamente delante de Ti, reconociendo queTú eres nuestro Dios, nuestro refugio, nuestra fortaleza y nuestra protección.

Te damos gracias porque nos has permitido llegar hasta el final de esta lectura y porque todo lo que hemos leído ha sido con el propósito de aprender, discernir y comprender,no para invocar, llamar, contactar, admirar ni glorificar a ningún espíritu de las tinieblas.

Padre, en este momento ponemos al lector completamente en Tus manos.

En el nombre poderoso de Jesucristo, pedimos que el lector quede protegido y guardado.

Que ninguna palabra de este libro sea considerada como una invocación, llamado o invitación para ningún espíritu.

Que ningún espíritu de estupor, ni ningún otro espíritu, entidad o poder de las tinieblas, interprete esta lectura como una convocatoria o autorización para acercarse, manifestarse, influir, perturbar o causar cualquier daño al lector.

Declaramos que esta lectura ha terminado y que nuestra atención, nuestra fe y nuestra adoración pertenecen únicamente a Ti, Padre.

Señor Jesucristo, cubre al lector con Tu protección.

Que lapreciosa sangre de Jesucristosea sobre su vida, sobre su mente, sobre su corazón, sobre su cuerpo, sobre su hogar y sobre todo aquello que le pertenece.

Que el lector pueda descansar en Tu paz.

Que pueda dormir en tranquilidad.

Que sus pensamientos permanezcan en paz.

Que no haya temor.

Que no haya confusión.

Que no haya angustia.

Que no haya perturbación.

Que no haya opresión.

Que ninguna influencia espiritual maligna encuentre lugar en su vida.

Padre, cierra toda puerta que pudiera haber sido abierta por ignorancia, curiosidad o falta de conocimiento.

Y si el lector hubiera sentido temor durante esta lectura, quita ahora ese temor y reemplázalo con la paz que viene de Ti.

Si hubiera experimentado inquietud, trae tranquilidad.

Si hubiera experimentado confusión, trae claridad.

Si hubiera sentido pesadez, trae libertad y descanso.

Si alguna imagen, pensamiento o concepto de este libro permanece en su mente, permite que desaparezca todo aquello que no sea útil y que permanezca solamente aquello que pueda servir para el conocimiento, el discernimiento y la edificación.

PROTECCIÓN SOBRE EL HOGAR

Padre, extiende también Tu cuidado sobre el hogar del lector.

Guarda su casa.

Guarda a su familia.

Guarda a sus hijos.

Guarda a sus seres queridos.

Que en ese hogar reine la paz.

Que allí haya oración.

Que allí haya amor.

Que allí haya armonía.

Y que ninguna fuerza espiritual contraria pueda causar daño, molestia o perturbación.

En el nombre de Jesucristo, ponemos este hogar bajo Tu cuidado.

NO INVOCAMOS LAS TINIEBLAS

Padre, queremos dejar algo absolutamente claro delante de Ti:

No hemos leído este libro para buscar las tinieblas.

No hemos leído para conocer demonios por fascinación.

No hemos leído para admirarlos.

No hemos leído para comunicarnos con ellos.

No hemos leído para invocarlos.

No hemos leído para experimentar con ellos.

Hemos leído para comprender, discernir y reconocer aquello que consideramos espiritualmente peligroso, con el propósito de permanecer firmes en Ti y ayudar a otros.

Por eso, Padre, que ningún espíritu reciba nuestra atención.

Que ningún espíritu reciba nuestra admiración.

Que ningún espíritu reciba nuestra adoración.

Toda gloria pertenece a Dios.

Toda honra pertenece a Dios.

Toda alabanza pertenece a Dios.

Nuestra confianza está en Dios.

Y nuestra esperanza está en Jesucristo.

CONTRA EL ESTUPOR

Padre, ponemos especialmente delante de Ti a toda persona que haya leído estas páginas con respecto al espíritu deestuporque ha sido tratado en este libro.

Que ningún concepto estudiado produzca en el lector aquello mismo que estamos intentando comprender.

Que no haya apatía.

Que no haya temor.

Que no haya confusión.

Que no haya estancamiento.

Que no haya perturbación.

Que no haya opresión.

Que el lector permanezca con una mente clara, un corazón firme y un espíritu dispuesto a buscarte.

Que pueda continuar con su vida en paz.

Que pueda continuar orando.

Que pueda continuar estudiando Tu Palabra.

Que pueda continuar sirviendo.

Que pueda continuar evangelizando.

Que pueda continuar avanzando.

LA SANGRE DE JESUCRISTO

Señor Jesucristo, confiamos en Tu obra y en Tu sacrificio.

Pedimos que lapreciosa sangre de Jesucristocubra al lector y que permanezca bajo el cuidado y protección de Dios.

Que ninguna persona, ningún espíritu, ninguna fuerza de las tinieblas ni ninguna influencia espiritual pueda causarle daño o molestia.

Que el lector pueda recordar quesu seguridad no está en este libro, ni en conocer nombres de espíritus, sino en Dios y en Jesucristo.

Que toda confianza equivocada sea apartada.

Que todo temor sea quitado.

Y que permanezca una confianza sencilla y firme en Ti.

AL TERMINAR ESTE LIBRO

Padre, ahora que esta lectura ha terminado, permite que el lector cierre estas páginas en paz.

Que no permanezca buscando aquello que pertenece a las tinieblas.

Que no continúe investigando por fascinación.

Que no intente invocar ni experimentar con aquello que ha estudiado.

Por el contrario, que vuelva sus ojos hacia Ti.

Que busque Tu Palabra.

Que busque Tu presencia.

Que busque Tu voluntad.

Que busque vivir en obediencia.

Y que todo conocimiento adquirido sea utilizado únicamente para discernir, proteger, enseñar y ayudar.

Ponemos al lector en Tus manos.

Que Tu paz esté sobre él.

Que Tu protección esté sobre él.

Que Tu presencia lo acompañe.

Que su hogar permanezca en paz.

Que su familia permanezca protegida.

Que su mente permanezca tranquila.

Que su corazón permanezca firme.

Y que ninguna fuerza espiritual contraria pueda causarle daño o molestia alguna.

Declaramos que esta lectura ha terminado.

No estamos invocando a ningún espíritu.

No estamos llamando a ningún espíritu.

No estamos dando permiso a ningún espíritu.

No estamos buscando contacto con ningún espíritu.

Nuestra fe está en Dios.

Nuestra confianza está en Jesucristo.

Nuestra esperanza está en Jesucristo.

Y nuestra adoración pertenece únicamente al Dios Todopoderoso.

Te damos gracias, Padre, porque podemos descansar bajo Tu cuidado.

Todo esto lo pedimos con fe y humildad,

En el poderoso, glorioso y santo nombre de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador.

AMÉN.